Un debate con piedras y puyas

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Escribe Armando Miño Rivera, Periodista Independiente y Profesor Universitario (Lima-Perú).

El debate del último domingo 30 de abril dejó más preguntas que respuestas. Fue una pesadilla ver a dos personas que más que posibles presidentes, eran dos chiquillos lanzándose improperios y pocas propuestas. Empecemos.

Pedro Castillo fue lo que se esperaba: leyendo un guion redactado por asesores que poco saben de gobernar y proponer con solidez. Propuso la creación de un ministerio, pero a la vez indicó que el estado fallaba con sus ministros. Luego se lanzó a la piscina de salud, donde propuso razonadores magnéticos (asumo que quiso decir resonadores magnéticos) en cada puesto de salud. Eso sería darle une quipo costosísimo y que necesita personal especializado a casi 21500 centros de salud, cosa imposible. Pero si vamos a hospitales y centros especializados son 628. Igual es complicado. Además, prometió que se vacunaría a todos los peruanos antes de final de año y dijo que se implementarán 1 000 camas Uci adicionales. Pero las promesas siguen.

Dijo que nacionalizará lo que sea necesario -cuál será el criterio, no sabemos-, que se debe priorizar la compra de productos nacionales antes que el exterior, sin tener en cuenta que estamos en un mundo global donde el comercio es de carácter mundial y de cabo a rabo. Algunas sandeces como que el turismo empieza ene le colegio o que hay que desaparecer las AFP y luego diga que las AFP deben estar a favor del trabajador y no las estatizarán. O sea, medio Cantinflas.

De paso, dijo “vengo con las manos limpias”, haciendo alusión a los juicios de la Fujimori o que “los que trabajamos sí sabemos cómo se cautela”. Por último, rehuyó a las preguntas de su contendora sobre sus vínculos con Movadef y su “padre político Cerrón”.  De propuestas pocas notables y más filosofía y retórica barata.

Del lado de Keiko Fujimori no hubo mucha diferencia. Demasiada cháchara, promesas, golpes bajos y una oración constante para Castillo: “yo no arrojo piedras”, en alusión a sus correligionarios que tiraron rocas a varias mujeres, hiriendo a una de ellas de gravedad. Además, resaltó las frases misóginas del candidato del lápiz.

Después, en cada bloque y sin reparos, repartió promesas en bolsa de regalo: “daremos el bono canon, para que la riqueza sea repartida de mejor forma”, “el bono oxígeno, para quienes perdieron seres queridos por Covid”, “crédito volver a empezar” para microempresarios, “crédito tal y cual”. Un alud de promesas que representan, según los expertos, el 3% del PBI al año.

En educación y salud casi nada nuevo. Más promesas, como la inviable 3000 mil colegios en cinco años, ósea, 2 colegios construidos por día. No sé si contratará a Superman y la Liga de la Justicia Extendida para apurar las cosas, pero no creo que sea posible. En salud dijo que “nombraría a miles de médicos y construiría más hospitales”, sin decir cifra exacta.

El hecho concreto es que ninguno dijo el cómo, cosa más que importante en estos casos y tampoco si -ante una censura o dos de gabinetes- cerraría el congreso, cuestión que se ha hecho casi deportiva aquí.

Este domingo los peruanos tenemos un dolor de cabeza que no sabemos cómo lo hemos adquirido. Aunque sí. Votamos otra vez mal y esto es lo que tenemos: Castillo y Keiko. Papalindo, ayúdanos.