Para mis amigos, todo

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Escribe Armando Miño Rivera, Periodista Independiente y Docente Universitario (Lima – Perú).

Cuando el expresidente —hoy reo— Pedro Castillo fue visto entrando y saliendo de la casa de Alejandro Sánchez Sánchez, la famosa casa de Sarratea, casi de inmediato se pidió la cabeza del profesor. Ya conocemos la historia que derivó en aquello, con algunos anticuchos más incluidos en el menú.

Años después, otro presidente —más joven, más delgado, con notoria afición por las mujeres en lencería y por lanzar piropos subidos de tono en redes sociales— ha sido visto entrando y saliendo de un chifa, reuniéndose con empresarios acusados de delinquir o, cuando menos, de confabular en contratos con el Estado para quedarse con algunos milloncitos. Y, sin embargo, a ese presidente casi todos lo han defendido en el congrezoo.

En el colmo de la vista gorda, el presidente del congrezoo, Fernando Rospigliosi Capurro —quien ha pasado por más partidos que manos sobre ciertas carnes— ha dicho, y cito: “Le gusta el chifa, déjenlo pues”. Sí, el mismo que quiere, como sea, que los militares asesinos de campesinos tengan amnistía; el mismo que despotricaba contra Keiko Fujimori hasta que pasó a sus filas y adquirió una amnesia selectiva y permanente; el mismo que votó por la vacancia de Pedro Castillo y que hoy no ve lo evidente. O no quiere verlo.

Lo cierto es que cuando se trata de asuntos de Estado, en este congrezoo de alianzas turbias y componendas amicales no se mide con la misma vara al momento de hacer las jugadas. Todo para mis amigos, siempre. Para los otros, nada, si es posible. Y este país, que está ad portas de elegir a los próximos saqueadores —perdón— al próximo conjunto de autoridades políticas, se queja, arde, grita, marcha, pero los de la Plaza Bolívar y la Casa de Pizarro no se inmutan.

Nunca se vio un grupo de actores políticos más nefastos, nauseabundos ni corruptos que estos. Incluso se pasan las leyes por un lugar que no puedo mencionar en estas líneas. No deberían reelegirse ni postular a dos cámaras —diputados y senadores— porque en el referéndum de 2018 el pueblo dijo no. Pero a los legisladores poco les importó que se hayan gastado casi 340 millones de soles. No. Les llegó. Les resbaló. Y seguro, como decía una excongresista naranja, como somos la plebe, no merecemos ni su mirada.

Dios nos ampare, y ojalá no tengamos más congresistas tiktokers, come pollo, roba cable, plancha camisa, corta uña, bailarinas exóticas ni tan descaradamente caraduras como los que hoy habitan este Legislativo.

PD: casi me parto los dedos del pie hace dos días, pues soñé que pateaba un balón en un partido y adormilado pateé mi cómoda.