¿Para dónde vamos Señor?

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Escribe Armando Miño Rivera, Periodista Independiente y Docente Universitario (Lima-Perú).

Dos semanas bastante agitadas en el ambiente político. Ministros defenestrados por su pasado (bien pesado), congresistas con reportajes en todos los canales, pues sus años mozos los pasaron entre hoces y martillos, un Primer Ministro con cuestionamiento por pasado rojo y misoginia, bancadas enfrascadas en dimes y diretes. Ah!, un presidente escurridizo, sin salir a los medios, menos declarando o con notas de prensa palaciegas.

En este primer mes cumplido y días, lo que se puede ver es que Cerrón sigue presionando con sus cuadros, que tenemos a un presidente-profesor que hasta ahora no se pone los pantalones, menos los guantes, para darle un jap a los que están en la cola, a su costado, susurrando viejas consignas, diciendo qué y hacer y qué no. No pues Castillo, señor presidente, amigo de los profes, dirigente, ¡¡¡qué pasa!!!

La incertidumbre sobre su manejo económico, que hasta ahora ha permitido que los precios se disparen casi 20% sobre lo que era en julio, es un problema mayúsculo. Las primeras encuestas ya dan una aprobación menor a 50 puntos. Sabemos que aún debe trabajar, que el camino es largo, que seguro será cuestionado. Eso es normal en estos cielos grises de Lima, sobre palacio, pero también es cierto que los gestos y precisiones son necesarias. Mantener ministros con pasados oscuros no es saludable. No solo lo dice la derecha, la misma izquierda le ha dado con palo a Bellido y Maraví.

Lo peor es defender lo indefendible. Así lo hizo hace un par de días, en la región selva, avalando a sus ministros. Los gobiernos defienden a sus carteras, pero en ocasiones lo saludable es decir chau, hasta aquí nomás compadre. Recuerden que el de a pie pide resultados corto y mediano plazo, que el bolsillo se hace chiquito y que el emprendedor y pequeño empresario quiere ingresos, estabilidad, buen norte. Ojalá señor presidente no siga ausente, renuente y decida por lo sano. Ah, qué la fuerza lo acompañe.