El vendedor de ilusiones – Infinita, mortal y sola (poemas)

218

Francisco Marín Naritelli. Poeta.

 

 

 

 

 

 

 

El vendedor de ilusiones

Confusa idolatría es la que vendes,
donde habitan los castigos y las hachas.
Confuso como siempre
en noches frías y negras.

Sea a tu lengua vilipendiosa:
ratas coléricas tras el queso,
tijeras que desgarran las ciudades,
hasta el propio sonido de los huesos.

Nadie sabe hasta dónde alcance tu odio.
Nadie sabe tampoco que será de tus descendientes.
¡Hombre necio de las ilusiones!
He aquí la Plaza de Armas
donde te refugias.

 

Infinita, mortal y sola

Que ya no oculten la rosa en medio de la noche.
Que el día no sea uno de tantos o uno de pocos.
Que la muerte solo es de quien la espera,
y yo ni con las penas, no con los ojos.

Son los siglos culebras de una cama.
Es el olvido el remedio de los que trajes usan.
Yo quisiera ver germinando en la calle
los nombres, por los cuales lloran las viudas.

Más allá de los cuadros, los colores manchados,
ahí está la eternidad dormida y encuadernada.
Pero si es mortal el amor, más mortal me siento
con los bolsillos rotos, aun con las manos devastadas.

Que la poesía no sea privilegio de poetas
y que la sangre no tenga silencio ni derrota.
Soy más que un puñado de flores y carne
en este batallón de vida, infinita, mortal y sola.