Señora Madonna (III) (sátira poética)

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Juan Carlos Galiana. Poeta y Dramaturgo (Estación de San Roque – Campo de Gibraltar – Cádiz; España).

 

 

 

 

 

 

SEÑORA MADONNA (III) (sátira poética)

Original de Juan Carlos Galiana Auchel.

SEÑORA MADONNA (III) (sátira poética)
Original de Juan Carlos Galiana Auchel.

Entre conversación y conversación,
La Madonna encontró la ocasión.
Marifé estaba muy contenta,
Y con su prima muy atenta.

“¿Te gusta la reforma que le he hecho a la casa?”

“Preciosa, maravillosa.
La verdad, Marifé, me esperaba otra cosa”

“¿Otra cosa? Sabes que tengo buen gusto,
Pero me ha costado tanto
Que me he llevado un susto”.

“Prima mía, tú tienes perritas,
Así que suelta la guita”.

“No te entiendo Madonna,
¿Qué me quieres decir?
Lo que tengo es para vivir.”

Nada mujer, era una broma,
Te regalo mi sombrero, toma”.

“Muchas gracias querida.
Lo usaré para ir al bingo.
Voy cada domingo”.

“¿Y ganas dinero jugando?
Porque en esta vida
Todo se resuelve pagando”.

“Ja ja ja, qué razón tienes.
Gano líneas, y bingos de vez en cuando,
Y con eso voy tirando”.

“Vaya suerte que tienes Marifé.
¿Me haces un café?”

“Lo que quieras prima.
Pero tengo un puchero muy bueno.
Un platito te pongo
Y te bailo un zorongo”.

La Señora Madonna
Tomose el café y el puchero,
Y, gracias a Dios, su prima le regalo dinero.

“¡Ay!, prima de mi karma,
¡Cuánto te lo agradezco!
¡Qué bueno el puchero,
Pero, sobre todo, el dinero.
Se acabaron mis cuitas.
Plantaré anacahuitas.”

“¿Y qué coño es eso?”
¿Es un expreso?

“No prima, son árboles pequeños
A los que le pongo mucho empeño”.

“Anda, que te pongo un postre:
Fresas, plátano o chocolates”.

“¿No tienes tomates?
Con azúcar me los como”.

“Qué rara eres.
¡Si quieres te pongo un lomo!”

“Qué bueno, con manteca.
¡Venga!, que me voy a la discoteca.”

“Ay, que risa.
Contigo me voy,
Pero antes a la misa”.

“Vale prima, pero llévate la visa”.

Salieron las dos muy contentas:
Riendo, cantando y atentas.
Entraron en una iglesia.
El sacerdote parecía de Persia.

“Qué cura más guapo Marifé”.

“Sí, se llama Mohamed”

“Pues después de la misa me lo presentas,
Tenemos que estas muy atentas”.

Se le escapó a Madonna un peo.
A Marifé le pareció eso muy feo.

“¡Qué peste prima, qué peste!”

“Pues ese no es nada como este:
Prrrrrrrr.”
¡Cuánta ventosidad y qué ligero!
Eso me pasa por haber comido puchero.

Sigamos con la misa,
Que tengo prisa.
La discoteca nos espera.
A Mohamed nos lo llevamos,
¿Estamos?”

“Por supuesto mi prima querida,
Pero calla ya, que me tienes deprimida.
Deja al cura terminar su sermón.
Él después nos invita a jamón.”

“¡Digo…!, el Mohamed este,
Espero que no eche mucha peste.”

“Es muy limpio, como una patena,
Así que no tengas pena”.

Finalizó la misa
Con un motete calvinista.
Los fieles cantaban con entusiasmo,
Sobre todo, Marifé, que era muy egoísta.

Madonna, que el cántico no conocía,
Dijo: “! Ay, madre mía.

“Yo no sé qué están cantando,
Pero que les vayan dando.
Voy a entonar una saeta,
O una canción de Camilo Sexto,
Pues me sé muy bien el texto.”

La Sra. Madonna,
En el pasillo se puso erguida,
No lo pensó dos veces
Y comenzó enseguida:

“Ya no puedo más, ya no puedo más,
Siempre se repite la misma historia.
Vivir así es morir de amor…”

Marifé, escandalizada, a su prima chilló:

“¡Basta, Madonna!
No te hagas la protagonista,
Que aquí soy yo la egoísta.
Calla por Dios.
¿No ves que desafina
Como una cochina?”

“¡Mira, guapa!
Hago lo que me da la gana.”

“Pues mete el culo en la palangana”
“¡Llamadme a mí cochina…!
Pero si tú eres una cuina.
¡Llamadme a mí la atención…!
Vamos, vamos, Marifé…
Con esta cancioncilla yo triunfé.”

“Y un carajo prima mía,
Triunfaste con las de Locomía”.

En silencio quedó la feligresía.
Aquello no era poesía.
Mohamed, el sacerdote,
Se puso como un coyote.
A los allí presente dijo:
“¡Que la detengan, es una peligrosa!
Que se vaya de mi iglesia.
Aquí se canta lo dispuesto,
Y no una canción de Camilo Sexto”.

Se volvieron los misantes hacia Madonna.
Con sus miradas la querían matar.
Eran unos locos de atar.

“Huye prima antes de que te maten,
Pero devuélveme el dinero,
Que yo te daré el sombrero.”

¿Qué te devuelva el dinero?
Eso no se lo cree ni un torero.

Corrió Madonna hacia la calle.
Salió pitando:

“A la discoteca me voy caminando”.
Si quieren, que me llamen ladrona,
Y mejor, regreso a Mercadona.
Allí no me encontrarán.
Ni el cura, ni mi prima lo sabrán.

Entró en el imperio Hacendado.
Y como loca se puso a comprar.
Aquello era un no parar.
El carrito de productos rebosaba.
A Madonna se le caía la baba.

Tiene rabia,
Dijo una usuaria.
Echa espuma por la boca,
Exclamó otra que parecía loca.
“Que llamen al 061,
Vociferó alguno.

Hubo tal revuelo por las babas de la Madonna,
Que las cajeras se atrincheraron.

“Pero ¿qué le pasa a esta gente?”

Pensó ella, la muy inocente.

“Sra., venga usted conmigo,
No se preocupe, que yo soy testigo”

“¿Dónde quiere que vaya,
So canalla?

“Al cuartito de allí al lado”

“¡Ay!, coño, que me duele el costado,
Deje usted de manosear
Y váyase a pasear”.

“Perdone si le hago daño,
Pero es que, si no, no me apaño”.

“Bueno, voy con usted,
Pero mi carrito también”.

“Pague la compra primero,
No sabemos si usted tiene dinero”.

“Tengo dinero, mal nacido,
Es como si te hubiese parido.
A los mozos como tú
Yo los conozco.
¿A que eres de Perú?”

“No, rabiosa Sra, soy boliviano”

“Pues te metes un dedo en el ano”.

“Qué grosería.
Ahora mismo llamo a la policía”.

¡Ay! Madre mía,
¡Me tendría que haber ido al Día!

Madame Flora estaba en su burdel,
Aquello parecía un cuartel.

“Necesito ayuda”.
Pensó sin alguna duda.

“¿A quién puedo llamar?,
Si esto es un lupanar.
La única que podría ayudarme es mi prima,
Pero no tiene móvil ni ná,
Ella está aplataná.
Además, me robó mi dinero.
Nunca pensé que fuese tan ladrona.
Es muy suavona la Madonna.

Cierto era que Madonna
Ni móvil ni fijo tenía.
No era tan moderna
Como se suponía.

A Madonna la tenían retenida.
Estaba de los nervios la Sra.
No era para menos,
Por su boca sólo salía veneno.

“¡Soltadme, cabrones!,
Si yo nada más que compraba,
Aunque se me cayese la baba.
Si ni por la caja había pasado,
¿Por qué me retienes?
Pareces un tarado”.

Tranquilícese mujer,
La policía está al caer”.

“Iré al Mercadona de aquí al lado”.

Dijo la Flora con tono calado.

“Seguro que alguna amiga me encuentro
Y me la traigo para adentro.
Me cambio de ropa y me voy,
Que ya está bien por hoy”.

“¡Ay, madre mía!,
Otra vez la policía.
Pero si yo soy muy buena.
Joé, la cosa está que truena.
¡Qué desgracia tan grande Dios mío!
Cuando lleguen, no digo ni pío.”

Llegaron dos agentes uniformados,
Elegantes y muy calmados.

“¿A quién tenemos que detener?”

“A esta mujer”.

Dijo el boliviano
Con un tono piano, piano.

“No lo puedo creer…
¡Pero si ya la detuvimos ayer!
Ha vuelto a recaer.
Es usted Madonna Prieto Romero,
No es mala, pero se le ve el plumero.”

“Mire usted, agente,
-Que es muy guapo y aparente-
Esto es un disparate,
Me tienen de acicate.
Yo no he robado,
Ni siquiera había pagado.

En este hacendado
La gente se ha pasado.
Si yo tan solo babeaba,
porque saliva se me escapaba.
Creyeron que estaba loca,
Por lo que salía de mi boca.
¡Que la detengan!, chillaban,
¡Es una peligrosa!, exclamaban.
Y vino este boliviano hermoso,
Muy tranquilo, pero un poco soso.
Me pidió que lo acompañara.
Que tonta fui, por no dar la cara.
Pensé que me tiraba los tejos,
Aunque a mí no me gustan los viejos.
Me trajo a este cuartito,
– que vaya tela…, qué cutrecito -.
Y a la policía dijo que iba a llamar,
Han llegado ustedes, que son de armas tomar.”

“Mire señor boliviano,
La Sra., no ha cometido delito.
Es que ni si quiera ha pagado el carrito.
Por acusarla indebidamente,
Lo detenemos a usted, por intercadente.
Ponle las esposas al señor,
Que nos lo llevamos, y con mucho honor.”

Madame Flora salió a la calle,
Vestida al estilo Versache.
Iba acalorada,
En su rostro se notaba.
Entró al supermercado
Como un caballo desbocado.

“Menos mal que ya he llegado,
Veremos a quién veo,
Pero antes al servicio, que me meo”.

“Qué alegría que me hayan soltado,
Ahora mismo me voy, aunque no haya pagado.
Al carrito que le den por culo,
A mí no me meten más en un zulo.
Pero antes voy a los baños,
Que como tengo muchos años,
Se me escapa el orín
Y otra cosa que parece serrín”.