Jugar con Boca es soñado, pero ganar a Ñublense es acercar la gloria

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Escribe Manuel Polgatiz, Periodista y Comentarista Deportivo.

Sin repetir ni confundirse y a pesar los siempre “vibra bajo”, la ilusión del triunfo está más presente que nunca. El partido ante Ñublense, sin querer queriendo, se transformó en uno de los más importantes, no solo de este año, sino de la vida “Celeste”.
En una vitrina con escasas copas, la Liga es un objetivo al acecho, una tarea por la cual pelear y luchar; una enseñanza de competencia y una carga sentimental que no podemos abandonar. No somos equipo de instancias finales y por eso, el paso es más que significativo y leal.
El corazón agitado nos dice que en Boca Juniors hay que pensar, pero el intelecto nos guía para a Ñublense doblegar. Sin días  de descanso y con mucha “pega” por delante, O’Higgins no debe olvidar sus prioridades.
La más sensata es ganar a los sureños y meterse en una nueva final, después de esa fatídica disputada en Rancagua ante la Universidad de Concepción. Aquí no caben las incertidumbres, tampoco los errores voluntarios para impedir acceder a la siguiente ronda.
Con dientes apretados y gradas, ojalá llenas (a pesar de la tozudez dirigencial por el valor de las entradas), el calor y la fuerza rancagüina llevará la consigna hacia la cancha. Allí todos reflejados en un conjunto que este año ha brindado  más risas que tristezas, pero que aún no corona con nada su excelente despliegue.
Es momento y ya es tiempo. Sé que lo vamos a lograr, porque están las herramientas y el peso de una experiencia adquirida y trabajada, bajo el mando de un técnico confiable, transparente y sencillo. El frío y el pésimo horario, nunca serán obstáculo para alentar y aleonar a los nuestros, que en tan pocas veces de la historia reciente, logran arribar a estos espacios de privilegio deportivo. Sin más frases que hilvanar, “vamos celestes que tenemos que ganar”.