Aquí, allá y acullá

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Escribe Armando Miño Rivera, Periodista Independiente y Docente Universitario (Lima – Perú).

1948. El Imperio Británico y sus aliados dan el golpe y luego de una resolución de la recién fundada ONU, determinan que en Palestina el estado de Israel se funde, ante la presión sionista. Casi 80 años después, la guerra entre árabes y judíos no cesa. Quizá nunca termine.

En África, las repúblicas de Somalia, Congo, Burkina Faso, Etiopía y Sudán están en continuo conflicto. Desde su independencia de los colonialistas, los golpes de estado, el oro y los diamantes han permitido que casi 20 millones de africanos mueran en diferentes frentes. Y no hay visos de término bélico.

Centroamérica. Nicaragua, Guatemala y Haití han recibido la desgracia de las izquierdas y las guerrillas. Los frentes de liberación a lo largo de la franja central de América han hecho de millones de ciudadanos emigren por necesidad a Estados Unidos, Costa Rica, Panamá o Europa. Haití es casi una no nación.

Rusia, pateando el tablero, invade una exrepública soviética. Putin dijo que jamás perpetraría tal barbaridad. Indicó luego que su patio trasero (así llamó a esta nación) debía ser cuidado y que todo sería rápido. Lleva casi dos años. No sabemos cuánto más.

Podemos nombrar otros conflictos menores, según la lupa con la que se vea. Pero en todos hay dos situaciones recurrentes: la mayoría fueron colonias o parte de otra enorme nación y tienen apetitosos recursos. Y en todos los casos, las potencias y sus aliados reciben los beneficios de estos países: oro, petróleo, gas, diamantes, tierras raras y minerales necesarios para la producción de alimentos y, sobre todo, tecnología. Por ello, es difícil ver un buen horizonte.

Lo más probable es que cuando ya no sean necesarios (o su misma gente reaccione y pelee por sus derechos) recién se pueda allanar el suelo. Como vemos, la geopolítica de los recursos (el agua ya está en la mira) se convierte en el pilar de quienes creen ser dueños de nuestros destinos. Todos estos conflictos se generaron por la intromisión de fuerzas exógenas e intereses particulares. Los políticos son – apenas – las marionetas de unos titiriteros que no conoceremos, pero que mueven los hilos desde hace décadas, incluso siglos atrás, de la vida de todos, en beneficio propio. Y sucede aquí, allá y acullá.