Escribe Armando Miño Rivera, Periodista Independiente y Docente Universitario (Lima-Perú).
Estamos a días de celebrar 203 años de independencia. Uno pensaría que hay cosas increíbles que en más de dos centurias nos permitirían mirar con esperanza nuestro futuro. Si embargo, los últimos 20 años han sido de convulsión, desesperanza y pocas situaciones político social y económica social que podemos nombrar como asuntos relevantes. Una sucesión de presidentes, convulsión en el interior del país, tentativas de cerrar el congreso y, por último, un congreso dictador que juega en pared con una presidenta timorata, que firma documentos según la necesidad y anhelo de legisladores que más parecen gavillas de delincuentes con terno y corbata.
Tenemos una recesión increíble, con sueldos que ya no alcanzan en la canasta básica. La brecha se acentúa en sectores E y D, donde se vive con 30 soles diarios promedio, mientras que quienes han llegado a la pobreza extrema viven con menos de 15 soles diarios. Una vergüenza para un país que se arroga de estabilidad macroeconómica, pero las inversiones en minería, pesca, hidrocarburos, agricultura y transporte, así como manufactura no se reflejan en las casas peruanas.
La verdad es que la delincuencia a tomado el Perú. El gobierno de la ¿presidenta? Dina Ercilia Boluarte Zegarra no ha dado pie en bola. Sus políticas en contra el flagelo del Tren de Aragua, los clanes de la droga en el Vraem y la corrupción en su gobierno no han dado los resultados que los peruanos necesitamos. Muchos han dejado el país, otros cerraron sus negocios (un buen amigo que invirtió casi 25 mil soles en un restaurante tuvo que cerrarlo, pues lo extorsionaban). Los fiscales y jueces, mirando a otro lado, dejan libres a estos parias, fugando del país y dejando a los policías como tontos útiles. El director de la PNP incluso salió a amonestar al Poder Judicial, pues su trabajo se diluye en medio de la desidia de estos servidores públicos, ¿o es que también reciben una tajada bien suculenta?
No hay avances palpables en el sector laboral, no se genera trabajo pues los privados no desean tener inestabilidad jurídica ni seguridad endeble. Tía María dice que va, pero los izquierdistas recalcitrantes dicen no. La minería ilegal le gana al bosque, incluso son representados por seudolegisladores que los apoyan. Jorge Alfonso Marticorena, hoy en Perú Bicentenario y antes de Perú Libre, Alejandro Muñante, de Renovación Popular y Eduardo Salhuana, de Alianza para el Progreso se reunieron con estos sujetos días que se derogara el decreto legislativo 1607 que buscaba combatir la minería ilegal, estableciendo como fecha límite el 20 de marzo para la formalización de las actividades mineras. Los que nos representan no nos representan, los que deben defender la patria la horadan. Padres de la paría son. Solo eso.
Pero quizá me equivoco. No todo es oscuro. Los peruanos de a pie se resisten a sucumbir, trabajan de sol a sol, se rajan, se quiebran durante horas, madrugadas y noches por sus familias. Los que estudian, madrugando para ir a su instituto o universidad y hacer la diferencia. Los micro y pequeños empresarios, que sostienen al 70% de nuestra alicaída economía, sin claudicar, viendo por sus familias y llevando esperanza a sus hogares. Los incorruptibles -que hay muchos- policías, atrapando bandas, investigando y poniendo el pecho por los ciudadanos. Los miles de voluntarios a lo largo del país, silenciosos, sin reconocimiento, pero sabiendo que sin ellos muchos no comerían, o serían vestidos y cuidados en un orfanato, una casa de ancianos abandonados o en un albergue. Y mis hermanos de rojo, cuyo tiempo y fuerza está al servicio de nuestra amada patria.
Sí, quizá si hay algo que celebrar.
