Más de 50 y no paran

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Escribe Armando Miño Rivera, Periodista Independiente y Docente Universitario (Lima – Perú).

Lo que hemos visto en casi un mes de marchas, protestas y enfrentamientos entre el gobierno y la población peruana, sobre todo del sur del país, es alarmante. Ya tenemos 52 fallecidos, más de 350 heridos, muchos en cuidados intensivos y casi 2600 millones de dólares. Los rubros más afectados son el turismo, transporte, alimentos de pan llevar y la educación, así como eventos o festivales que en estos meses se daban con regularidad.

No se puede  satanizar a quienes desean un cambio real en las políticas económicas y sociales para que estas sean profundas y estructurales, que el trabajador tenga mejoras en sus contratos o que las materias primas se vendan y procesen con más claridad, que las grandes empresas y conglomerados como los de alimentos, mineras  y telecomunicaciones paguen los impuestos de forma fidedigna y no se acojan a enormes elusiones y beneficios que solo gozan un puñado reducido de empresarios que cada día son más ricos.

Esto para empezar.

Lo otro. Las protestas son un derecho que el ciudadano puede utilizar para reclamar en momentos donde sus derechos son vejados. Lo mismo- pero al revés- es lo que merecen los que no protestan o quienes protestan, pero con sentido patriótico: marchar para ser escuchados, escribir memoriales, reunirse con comités, asociaciones, gremios, sindicatos y así hacer sentir la voz del pueblo. Todos bienvenidos.

Pero invadir propiedad privada, atentar contra instituciones públicas, quemar ambulancias, destruir casas, vías, tomar aeropuertos, bloquear pistas y así evitar el pase de alimentos que se pudren, que van a empobrecer más al campesino, al agricultor, cerrar las panamericana y central y así matar a niños y mujeres que no pudieron llegar a un hospital, eso no es reclamo, eso es insania, deshumanizarse y no entender que mi derecho a reclamar termina donde empieza el derecho del que está al frente.

Dina Boluarte, Alberto Otárola y José Williams son los personajes más repudiados. Ninguno cede, ninguno entre en consenso, ninguno desea dejar el poder. Es cierto que no se puede renunciar a un cargo público de buenas a primeros ¿quién gobernaría?, ¿qué políticas públicas y exteriores podemos manejar sin delegados políticos, nos gusten o no?, ¿ en que manos recaerían los poderes? Lo cierto es que se deben ver salidas urgentes a este caos, uno que nace desde la indolencia de décadas de mirar de lejos a los más necesitados, a los que han reclamado y no se les ha hecho el caso debido, y no solo en el interior del Perú, en la misma capital, que ya no es de los “pituquitos” como muchos creen, si no de gente migrante y pujante, que también desea progreso y no el cierre de carreteras, muerte y caos. Trabajo, paz y progreso, eso queremos, todos.