Sin pedir perdón se fue

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Armando Miño Rivera, Periodista Independiente y Docente Universitario (Lima-Perú).

Cuando tenía 19 años, a 20 metros de mi casa, un grupo sedicioso atacó un transporte policial, eran cerca de las 10 de la mañana. En mi memoria aún veo a los efectivos ensangrentados, a uno de ellos encerrado en un atienda, asustado, disparando desde dentro. Eran seis policías los que murieron, también dos terroristas. Las balas quedaron por días clavadas en la pared de la parroquia Niño Jesús, pues el atentado se ejecutó frente a ella. Una combi pasó rauda por mi casa, disparando al aire, rumbo a la avenida Pachacútec, perdiéndose a la distancia.

Manuel Rubén Abimael Guzmán Reinoso, presidente Gonzalo, camarada Gonzalo, presidente del partido comunista Sendero Luminoso, la cuarta espada del marxismo o como le llamaba el GEIN, el cachetón. El líder terrorista, autor intelectual de casi 32 mil muertes en Perú, falleció. Era un genocida.

Mucho se habla de este personaje que fue el cabecilla de SL. Desde los adjetivos más abrasivos hasta loas y alabanzas (felizmente pocas) de algunos ideologizados y perturbados mentales, jóvenes -también- que no han conocido de cerca ni palpado la insania de este señor y sus huestes sangrientas, hasta intelectuales en el exterior que por desconocimiento o plegarse a una seudo idea de “liberarse del dominio de los ricos y oligarcas” cayeron en el error de decirle guerrillero o defensor de las clases sociales oprimidas. Más lejos de la verdad todo esto, por supuesto.

Su muerte ha causa un sinfín de discusiones: quién se hará cargo de su cuerpo, si es el estado o sus familiares, si será cremado o enterrado, si es mejor que sea en el anonimato, si es Elena Iparraguirre o sus familiares los que tiene la potestad, es decir. Lo cierto es que ya muchos han alzado su voz diciendo que sería mejor incinerarlo y listo. Otros que no lo quieren en ningún cementerio, que lo quieren incluso en un vertedero, lo más alejado de cualquier comunidad. Cuando vemos tal rechazo, se puede apreciar como el camarada Gonzalo causo dolor y heridas difíciles de borrar.

Quienes vivimos esos años de terror (1980-1992 sobre todo) no podemos mirar atrás sin recordar los coche bombas, los encapuchados en las universidades del estado con arma en mano, las masacres de los pueblos alejados de nuestra patria, los apagones producto de las torres voladas, los perros y niños bomba, los asesinatos selectivos a policías, ministros, alcaldes, dirigentes de pueblos jóvenes o las emboscadas.

Sus remanentes políticos – Movadef y algunos grupillos marxistas- aún postulan su ideología, diciendo que fue un error estratégico y formas que no debieron ser utilizadas para el cambio que deseaban. Pura filosofía barata, demencial. Los que deseamos paz debemos tener en claro que estos personajes y su pensamiento, el pensamiento Gonzalo como llaman a su doctrina descabellada, debe ser borrada del país. Los que deseamos paz, también debemos contar que hubo un día un personaje oscuro que nos llevó al borde del precipicio. Los que buscamos paz no debemos olvidar y debemos condenar el terrorismo. Siempre.