Correr, saltar, nadar y ministerio

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Escribe Armando Miño Rivera, Periodista Independiente y Docente Universitario (Lima-Perú).

Durante seis años tuve la grata experiencia de integrar un equipo nacional de taekwondo. Fue increíble. También doloroso: patada, más patada, otra patada. Bueno, el taekwondo es así. Pero la práctica durante mi vida primera -llámese más jovencito-, me hizo quererlo antes de quejarme. Hasta ahora lo sigo practicando.

Se preguntarán, a qué viene esto. En julio se publicó el presupuesto para los diversos sectores, entre ellos el deporte nacional. Y la cifra no es muy alentadora. Poco más de 1300 millones para un país de 31 millones de habitantes, donde la media indica que, de cada 1000 habitantes, 6 realizan deporte de manera constante, sobre todo entre los 14 y 35 años. El estado mantuvo un aporte de casi 72 millones al deporte de alto rendimiento. Esto habría que dividirlo entre alimentación, pasajes, estadías, ropa, medicina, psicólogos, entrenadores especialistas y otras variables. No es muy alentador, pero algo cae.

Estados Unidos invierte casi 1 800 millones de dólares, pero la empresa privada más de 32 mil millones de dólares y gana casi tres veces lo invertido. Allí están los resultados en Panamericanos, Olimpiadas y campeonatos mundiales en baloncesto, natación, artes marciales, pesas, vóley, tenis, golf, boxeo y una lista enorme de otros deportes. Si sigo me canso. Claro, no somos el vecino del norte, pero ellos lo ven como una inversión, mientras en Perú y otros países sudamericanos como un gasto. Ergo, más inversión, mejores resultados.

Los panamericanos nos dejaron instalaciones hermosas, enormes, de talla mundial, pero que no se usan de forma más constante, profesional y organizada. Las administraciones cierran más puertas que las que se abren para hacer deporte. El estado no tiene un plan correcto: las universidad por su independencia invierten poco en deportes que no sean fútbol y vóley, lo demás está casi olvidado. Con algunas excepciones, el surf y artes marciales, así como el tiro, dependen casi del deportista y los clubes privados.

Se habló del Ministerio del Deporte, pero ni los congresistas, partidos y los mismos clubes impulsan de manera enérgica su creación ¡Por qué, para qué, es gasto inútil, ya está el IPD!

Lo que sucede es que el IPD no es lo mismo que un ministerio que tiene un presupuesto más grande, asiento en el Consejo de Ministros, pliego independiente (IPD depende del Ministerio de Educación y por lo tanto a sus políticas) y no se puede distribuir de manera adecuada. También los gobiernos regionales, provinciales y distritales deben potenciar el deporte, pero lo más que hacen es realizar campeonatos de fulbito, vóley relámpago y en algún extremo (verano) tabla. No tenemos piscinas en cada distrito, complejos deportivos o instalaciones donde masivamente los chicos puedan acercarse a participar de deportes no tradicionales. Si no tienes dinero para un club privado, adiós sueños a posibles campeones de natación, tenis, taekwondo, karate, tiro, remo, alpinismo. Si sigo, me canso otra vez.

El deporte como base de la salud, formación motora fina y gruesa, la mejora en los hábitos alimenticios y una mente más lúcida -en muchos casos-, es trascendente para toda sociedad. Las personas que hacen deporte, que se alimentan de manera adecuada y tiene hábitos saludables, son menos propensos a enfermarse, viven más (según varias mediciones modernas hasta 10 años) y su ancianidad se ve fortalecida y menos resquebrajada.

Necesitamos ese ministerio, necesitamos potenciar a los deportistas, realizar campeonatos más grandes, masivos, llamar a la empresa privada a invertir, modernizar las federaciones y también desterrar las argollas. Sí, las argollas, esas que meten a sus conocidos y amigotes dejando de lado a los mejores para representarnos. Y que no vengan a decirme que eso no existe que ahora les cae su chiquita. Habrase visto.