La ruta de un Chile sin basura

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Escribe Luis Martínez Cerna, Académico Escuela de Gobierno y Comunicaciones UCEN.

Casi el 30% del estímulo fiscal anunciado por distintos gobiernos, en medio de la pandemia, está destinado a apoyar el impulso a los sectores relacionados con el medioambiente. La suma total de los anuncios es de alrededor de 11,8 billones de dólares, tanto para este tipo de iniciativas, como para su reimpulso como consecuencia de una inminente crisis económica a raíz del coronavirus.

Las economías más desarrolladas son las que han comprometido mayores aportes, pero, sin duda, esta pandemia ha afectado más a los países menos adelantados y, seguramente, es en este sentido que va orientado el llamado del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, instando a los países más ricos del mundo a mostrar más solidaridad en dicho ámbito.

Es muy necesario que estos estímulos sean parte de la carta de navegación de una recuperación sostenible y por lo mismo debe existir un compromiso para generar ideas concretas en el marco latinoamericano, empujando así un cambio necesario en materia de medioambiente. Se trata de un llamado a las administraciones públicas, empresas, sociedad civil, políticos, organizaciones no gubernamentales y a todos quienes quieran que las acciones que impliquen la reactivación, sean con esta mirada de sostenibilidad, sin perder de vista el cumplimiento de los objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.

Hay ejemplos destacables en ese sentido, como la descarbonización de la electricidad a través de la inversión en energía solar fotovoltaica; o construir con eficiencia, modernizando el rubro de la construcción mediante programas específicos y, al mismo tiempo, generando nuevas plazas de empleo, como ya ocurre en Francia y el Reino Unido.

Es una real necesidad generar soluciones basadas en la naturaleza. Sirva el ejemplo de India, con sus iniciativas de manejo forestal que estimulan la economía en los sectores rurales, aumentan la cantidad de carbono almacenado en los árboles, disminuyendo la erosión del suelo.

En síntesis, una economía circular y digital, con el debido esfuerzo de los países, contribuye a reducir emisiones, evitando la cultura del desecho, fomentando el reciclaje y, por otro lado, permite contar con una mejor gobernanza asegurando así una implementación de nuevas iniciativas acorde con las necesidades actuales.

Nuestro país tiene una gran oportunidad a través de la “Hoja de Ruta Nacional a la Economía Circular para un Chile sin Basura”, que se encuentra aún en Consulta Pública. Hay una esperanza en que nuestras acciones, públicas y privadas, se alineen virtuosamente en el camino de la economía circular.