La última sinfonía de Beethoven

66

Escribe Franco Muzzio, Extensión Cultural, Universidad Central.

El sábado 30 de noviembre de 2019, quedará en el oído de la memoria como el día que marcó el cese de las trasmisiones de una emisora que por 38 años entregó su tiempo al desarrollo de la música clásica en nuestro país. El 6 de noviembre se informó, que con motivo de concentrar sus inversiones en medios de carácter informativo, ponía a la venta la frecuencia en donde Radio Beethoven alojaba su partitura. Ni las casi 45.000 firmas electrónicas que se recopilaron pudieron ayudar a ponerle marcha atrás a una decisión de carácter empresarial.

38 años al aire, 38 años en la oreja de quienes vibran con lo sinfónico de la música y de la vida. La caída de Radio Beethoven no es un fracaso económico sino un fracaso cultural determinado por la fatiga de su soporte y la percepción de que la música docta era un muerto a corto plazo.

Su ausencia será la orfandad de muchos, taxis sumisos al reinado de la cumbia y oficinas entregadas a la balada o simplemente a un silencio con la orgánica del vacío. ¿En qué otro lugar del mundo podremos oír la inconfundible y dignificante voz de Patricio Bañados leyendo textos de lo más imprescindible de la literatura?  

La Radio fue una compañera fiel, una constructora de atmósferas y una emisora que sin aspavientos funcionaba estoicamente en medio del mercado radial.

En estos días convulsos ha quedado de manifiesto que la música clásica, y la popular interpretada por músicos doctos tiene cabida. La música se ha reinsertado en las plazas, en medio de los árboles y el estallido, logrando imponer instrumentalmente que el arte es un argumento de una sociedad consciente. En estos días que el ‘Requiem’ de Mozart se ha expandido tanto en cantidad como en consuelo. En estos días que las audiencias se han sorprendido con la belleza de lo orquestal.

Y para cerrar con la herida a flor de dial, me permito decir que en toda despedida reside una enorme posibilidad de resurrección, y en esta, lo primero que queda por hacer es expresar la inmensa gratitud por mantener un proyecto en pie a pesar de la ventolera y las modas que amenazaban con velar a cajón abierto a la música clásica, y lo segundo es la esperanza, la ingenua pero honesta esperanza que la esencia de Radio Beethoven no se transforme en una fantasma, sino en el desplazamiento de un espíritu hacia otro soporte que le permita renacer.