El egoísmo de un resultado

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Las carreteras se miden en kilómetros; el rendimiento estudiantil, con notas; el fútbol con goles y triunfos; la vida con éxitos y fracasos. Pero las certezas vienen emparejadas siempre con procesos sólidos, cuyo diseño inicial no mute a medida que el tiempo siga su curso natural. 

El problema nace, cuando ese dibujo en el papel debe llevarse al territorio empírico de las cosas, es decir, cuando se abandona la teoría y vamos directo a la práctica. Aquí solo los avezados y no los novatos, pueden traspasar el límite para conseguir los objetivos. 

Una lata actuar con egolatría, pero todo lo que está ocurriendo en O’Higgins hoy, fue anunciado en estas mismas líneas. Hice explícita las múltiples sensaciones de preocupación, vacío e incertidumbre por cómo se estaba conformando el cuerpo técnico y el plantel. 

Y esas dudas, son, lamentablemente, por estos días, una realidad dura y flagelante. El equipo no tiene respuestas a sus propias e involuntarias debilidades, no encuentra el peso específico para marcar en arco contrario y se ha llenado de errores vitales en defensa. 

Cuando las crisis se instalan, hay dos formas de salir a flote. Uno; el grupo se une bajo el alero de los liderazgos al interior del camarín, o dos; se, «comienza todo de cero» como dijo Matías Donoso, tras el partido. 

La banca de De Muner, ya no solo tirita, sino que, tambalea como un terremoto grado 8. Se perdieron las confianzas y el quiebre es irreparable, aunque el fútbol aparezca con destellos en algunos cotejos. Todo es feo y oscuro, lo único hermoso que nos queda, es la fiel fanaticada, que sigue queriendo a este amor tóxico distante, frío y displicente.