La entrada en vigor de la nueva norma de diseño sísmico de edificaciones de Chile volvió a instalar preguntas que aparecen cada vez que ocurre un gran movimiento: ¿los edificios actuales resistirán otro terremoto como el 27F?, ¿qué ocurre con las construcciones antiguas? y ¿el país está preparado para funcionar después de una catástrofe?

Esta actualización -denominada oficialmente como NCh433:2026- es la más importante en cerca de 15 años.

Para Rodrigo Astroza, decano de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universidad de los Andes (Uandes), el terremoto de 2010 dejó una doble lección: Chile confirmó el alto nivel de su ingeniería sísmica, pero también evidenció vulnerabilidades importantes, como caracterización de suelos, control de deformaciones, desempeño de muros y daños no estructurales.

Por otro lado, frente a un eventual efecto en la economía, el experto sostiene que, en términos generales, este sería acotado. “El impacto económico debiera ser menor en la mayoría de los edificios convencionales. Hay exigencias adicionales en estudios de suelo, pero siguen siendo costos relativamente bajos frente al total de un proyecto”, comenta.

Sin embargo, reconoce que en terrenos complejos o proyectos no convencionales podrían existir mayores costos asociados a estudios y medidas adicionales de seguridad.

Una nueva mirada

La nueva norma también ha estado rodeada de controversia luego de comentarios que apuntaban a supuestas influencias “japonesas” o “californianas” en el diseño sísmico chileno. Pero, para el decano de la Uandes, esa lectura simplifica excesivamente el desarrollo de la ingeniería nacional.

“La ingeniería sísmica comparte principios universales, pero la norma chilena no es una copia. Sus exigencias responden fuertemente a la experiencia chilena, a nuestros registros sísmicos y a la práctica local”, sostiene.

De este modo, aunque Chile continúa siendo considerado uno de los países mejor preparados del mundo frente a terremotos, Astroza advierte que los desafíos actuales ya no pasan únicamente por evitar colapsos estructurales, sino que también continuar a una “lógica de resiliencia y evaluación explícita del desempeño”.

Eso implica avanzar hacia ciudades capaces de recuperar rápidamente servicios esenciales y actividad económica tras un gran terremoto. En ese escenario, Santiago aparece como uno de los principales focos de preocupación debido a su densidad urbana y dependencia de infraestructura crítica.

Es así, como el experto concluye que “un evento similar o superior al 27F no solo pondría a prueba edificios, sino también la capacidad de la ciudad para seguir funcionando”.

El académico y decano, Rodrigo Astroza, será uno de los expositores del seminario “Diseño Sísmico de Edificios: nuevo proceso de la norma NCh433”, instancia que se desarrollará a las 17:00 hrs, en la Aula Magna de la Biblioteca Uandes.