Óscar André Miño Uriarte, escritor. (Lima – Perú).
—Ya te dije que no quiero ir.
Respondió Alison por enésima vez al ofrecimiento de ir al viaje escolar con el resto del alumnado.
—Pero nunca me dices por qué no quieres ir.
Le comenta su compañero Rodrigo, que está enamorado de ella, eso a pesar de la fría actitud de Alison hacia las personas, que la ha vuelto una chica muy antisocial.
—Ya te lo dije…
—Esa no es razón.
—No me cortes.
—Es que ya conozco tu cuentito ese: que me da miedo sufrir un accidente en la carretera o cosa por el estilo. Esto no es Destino final, ¿okey?
—No importa, no quiero ir. No me siento segura. Se lo dije a mi madre y ella me comentó que eso era decisión mía. Es más, no tendré que gastar 500 soles solo para ir a la selva.
Rodrigo veía que no podía convencerla. Ya llevaba una semana intentándolo, pero Alison seguía con su actitud cerrada y pesimista. Las excusas que daba eran siempre las mismas: accidentes de tráfico, algún loco o asesino suelto, cosas que solo imaginaría el mejor escritor de terror del mundo.
—De acuerdo.
—O sea que, ¿al fin lo entiendes?
—No, no lo entiendo en lo absoluto.
Eso fue lo último que dijo en todo el día. Quedaban tres días para el viaje y Alison siguió firme hasta el día del arribo.
El viaje, según lo que les dijeron, duraría cinco días, en los que harían tours, actividades grupales y alguna que otra visita a tribus nativas. Alison, durante esos cinco días, no hizo más que leer, estudiar, ver alguna serie o ayudar a su madre.
No supo de sus compañeros en esos cinco días, tampoco recibió mensajes o cosa parecida. Pero todo se torció al sexto día después del inicio del viaje, cuando se envió un mensaje a la línea de transporte y al colegio, reportando la desaparición de la unidad 23, la misma en la que los estudiantes abordaron para ir a la selva.
Al día siguiente, por las noticias, Alison y su madre vieron con horror el titular de una masacre en una de las tribus. Según la información, encontraron los cadáveres de cada uno de los estudiantes, de los profesores y del conductor del vehículo, muy cerca de la zona restringida donde habitaban comunidades que seguían practicando el canibalismo.








