El Día de la Escritura Chilena

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Escribe Franco Muzzio, Extensión Cultural, Universidad Central.

El 23 de enero de 2015 el cronista Pedro Lemebel partía, el cáncer a la laringe fue más fuerte que su cuerpo, pero por ningún motivo más eterno que su prosa poética aguda y afilada como sable, una narrativa que durante dos décadas hizo equilibrismo desde los bordes de la marginalidad.

Tres años más tarde, el calendario nuevamente detenido en el 23 del primer mes, en esta ocasión se nos iba del mapa el antipoeta, el Nicanor Parra de San Fabián de Alico, el escritor que revolucionó las formas de la poesía nacional, el hombre que puso al ingenio como la primera piedra de las nuevas sinapsis del lenguaje.

Y ahora recién, con el calendario tibio y en el mismo día que los otros dos, se va de este lado de la muerte el poeta Armando Uribe, un intelectual de raza, un indignado permanente de un mundo que siempre le pareció incomprensible.

No serán pocos los que se morderán las uñas pensando en los próximos 23 de enero, como el día en que la muerte se acuerda de venir a buscar a los grandes de la literatura chilena que nos van quedando.

En un país donde damos tribuna al ‘día de lo uno’ o al ‘día de lo otro’, creo que tenemos la obligación ética de entregar al menos un día al año la oportunidad para conmemorar con rabia, ternura, dolor y orgullo el ‘Día de la Escritura Chilena’, y qué más simbólico que un 23 de enero, el día en que los que escriben se retiran de nuestra geografía, pero nunca de nuestra historia.