Escribe Armando Miño Rivera, Periodista Independiente y Docente Universitario (Lima – Perú).
Me fui de largo: vacaciones más cumpleaños. Todo en un solo pack. La pasé genial. Buenas fiestas, excelentes salidas, todo perfecto. Incluido, por supuesto, lo de Trump. Ir aderezando el pavo, lanzar las oraciones de a poquito, en dosis pequeñas y sutiles, ir por el pavo y sacarlo del horno. Muy fino todo.
Y seguro ya saltarán los defensores acérrimos de la autonomía internacional y del genuino derecho de los pueblos a no sufrir injerencias en asuntos de otras latitudes. Tremendo doble rasero. ¿Acaso Rusia no invade cuando se le pega la gana? ¿Acaso China, con sus productos baratos y de calidad más que discutible, no invade economías enteras y hace añicos a pequeños y medianos productores? ¿Acaso Cuba no exporta ideólogos a países latinoamericanos y los sumerge primero en la pobreza mental y luego en la material? Como si no hubiesen existido cubanos en Venezuela desde hace años (murieron 32 en la extracción de maduro, ¡¡¡pero si no había uno solo allí!!!).
Vamos por partes, como Jack el Destripador. Ingresar a un país con armas y sustraer a sus ciudadanos es ilegal. Eso no resiste análisis. Pero ese juego lo practica desde hace décadas primero la URSS y luego la Rusia de Putin, quien se autopercibe zar, emperador, rey y mesías, y ha hipnotizado a millones en nombre de una “Rusia poderosa que debe resurgir”. En ambos casos, el método fue el mismo: mandar a matar a disidentes y opositores.
China no se queda atrás: silencia de manera sistemática cualquier intento de sus connacionales de cuestionar al imperio rojo y dorado. Corea del Norte… mejor ni hablemos. Ahí el manual ya es directamente de ciencia ficción distópica.
Ahora bien, es condenable que se lleven en vilo a un presidente, por más malévolo que sea. Pero también es cierto que los propios ciudadanos venezolanos, obligados a abandonar sus hogares en busca de un destino económico menos cruel, y los que han quedado en Venezuela y votaron en mayoría para que se vaya el régimen (todos saben que hubo un fraude gigantesco) han pedido esto a gritos durante años. No sé si, a estas alturas, existía un método mejor. Lo cierto es que hoy la cúpula del Palacio de Miraflores estaría en conversaciones con la administración Trump para eventuales acuerdos de transición. O al menos eso es lo que se dice y ve. Besitos Delcy.
Todo es incierto, la verdad. Ya hemos visto Estados atrapados por el sesgo comunista que durante décadas no permitieron elecciones reales, ni partidos, ni adversarios. A los opositores se los elimina, se los encarcela por decenas de años o simplemente “desaparecen”, dentro o fuera del país, de formas siempre misteriosas.
Por todo eso Trump decidió hacer lo que hizo con Maduro. Y sí, claro, el petróleo también cuenta. Nadie es ciego. Pero así funciona el juego geopolítico. China lo hace con su megaeconomía, invirtiendo en tecnología, mano de obra barata y alianzas estratégicas para presionar según sus intereses. Siempre fue así. Todos los poderosos lo hacen, aunque luego se indignen en público.
No avalo lo de Trump. Sí creo que el nefasto régimen que destruyó un país rico y próspero como Venezuela debe ser erradicado, y que los mafiosos que se beneficiaron de él deben ser juzgados como corresponde. Ojalá esto termine pronto. Quizá en un par de años. Porque “pronto, pronto”, no. Eso no lo logra ni el genio de la lámpara.
