Óscar André Miño Uriarte, escritor. (Lima – Perú)
Era la noche de Halloween y Roger, un joven adulto de 24 años amante de los videojuegos, se había quedado solo en su casa viendo películas de Stephen King. El dulce o truco que los niños juegan cada 31 de octubre no le gustaba para nada, es que le fastidiaba que a cada rato toquen a su puerta y, aparte, los niños se quejen de los turrones de chocolate que él les daba. Por eso, esta noche, ha puesto un letrero tanto en el jardín como en la puerta de su casa que dice MALGASTAS TU TIEMPO, AQUÍ NO HAY DULCE NI TRUCO. Muchos niños que llegaron a esta casa salieron gruñendo, tirando insultos y huevos a su ventana, pero a Roger eso le daba igual, todo por no atender a esos mocosos hambrientos de dulces y ser otro de la larga lista de responsables que causan caries a los niños.
Siguió viendo sus películas, era una maratón de Stephen King. Ahora estaban pasando la serie de Creepshow. Varios niños tocaron a la puerta pidiendo dulces, pero Roger los ignoraba o les gritaba desde el sofá.
-VAYANSE, DEJEN DE MOLESTAR ¿ACASO NO LEYERON LOS LETREROS?
Eso bastaba para que ellos se fueran. Así más o menos fue hasta las nueve de la noche, cuando Roger se levantó para ir al baño. Tanta gaseosa hizo que su vejiga se llenara al tope. Después de hacer sus necesidades miró el reloj, ya eran las diez y pico, pronto los niños dejarían de venir. Regresa a la sala para terminar de ver otro capítulo de American Horror Story. Se quedó así hasta caer rendido un cuarto para las once. Fue cuando el timbre volvió a sonar. A la primera graznada Roger no se levantó, fueron cerca de diez timbradas. El ruido lo levanta soñoliento, la televisión estaba encendida transmitiendo una película de Hitchcock. Roger ve el reloj, eran las once y trece. El timbre vuelve a sonar y de inmediato se oye una voz masculina.
-Dulce o truco.
Roger tardó un poco es escuchar lo que acababa de decir el visitante. Se acerca a la puerta y vuelve a oír.
-Dulce o truco.
Sin duda no era un niño, tal vez algún adolescente que no sabe que ya está muy grande para eso. Igual, sea un niño o no, no le abriría, pero ¿por qué tan tarde viene a pedir dulces?
-Dulce o truco.
No dejaba de decirlo. Roger sintió la vena palpitante en su sien, quería echarlo, estaba dispuesto, aunque tenga que recibir una multa por eso. Así que va a la cocina a coger la escoba, regresa a la puerta y luego de oír de nuevo la voz del joven, dulce o truco, le abre, pero no al completo. Por la rendija logra ver al adolescente vestido de una forma muy extraña y con una bolsa a la mano.
-Tres cosas: uno, ya estas grande para esto; dos, no tengo dulces y tres, vete de una vez. ¿Acaso no viste el letrero?
– ¿No hay dulces?
Pregunta el adolescente con una voz fría como el viento.
-Exacto, hora vete.
Iba a cerrar la puerta, pero el visitante se lo impide poniéndole un pie.
-Si no hay dulce, habrá truco.
La música de la película sube de volumen. Roger en un ataque de ira abre la puerta al completo. Estaba ya listo para tirarle un escobazo, pero de repente su valor para hacerlo se fue. El adolescente vestido de forma extraña deja caer su bolsa, se acerca a Roger y le muestra su mano. Si Roger hubiera visto a tiempo, ahora mismo seguiría en el sofá durmiendo con la tv prendida. La mano de aquel sujeto tenía navajas, como Edgard Manos de Tijera.
-TRUCO.
Gritó el extraño hombre antes de hundir sus cuchillas en el estómago de Roger. Esa noche, los vecinos se despertaron con un grito atroz proveniente de algún lado.





