Lo que no deseabas leer

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Escribe Armando Miño Rivera, Periodista Independiente y Docente Universitario (Lima – Perú)

Llegó el fin de año. Difícil fecha por muchas razones, pero más por el hecho que otro año se va. Cumplas o no años en estos días, otros 365 días han dado la vuelta. Te preguntas qué hiciste, qué lograste, o quizá ni siquiera te lo has cuestionado.

Primero, pasamos de una pandemia álgida a una potencial y en declive. Una pandemia que ha destrozado hogares, enriquecido a muchos y puesto en evidencia -en mi país y otros- la ineficacia de los estados en décadas: hospitales y centro médicos sin capacidad, médicos mal preparados o sin preparación adecuada, ciudadanos que no cumplen normas, gobiernos que se enriquecen con el sufrimiento humano y empresas farmacéuticas que se han llenado los bolsillos a costa de la vida de millones. También la desidia de potencias que solo han mirado de reojo y cuya única visión global es fortalecer su hegemonía.

Segundo, a pesar de estar en condición crítica como planeta, las compras y ventas de miles de artículos sin sentido práctico se elevaron: las joyas, ropa cara, autos, viajes, souvenirs e incluso mascotas se elevó exponencialmente. Algunos expertos indican que el encierro hizo que las cosas nos pusieran “de buen humor”. Pero el asunto es que muchos gobiernos dieron bonos, vales, dádivas a millones, con la buena intención de paliar los gastos de alimento, salud, servicios básicos. Sin embargo, ese mismo dinero salía de los contribuyentes, de los que pagan impuesto, de los legales. Mientras los que no pagan y evaden han recibido esos bonos, vales o dádivas, pero lo han usado para cosas sin sentido y valor práctico. Y eso molesta, y mucho.

Tercero, no hemos aprendido de esta lección. Seguimos contaminando el planeta, comprando cual apocalipsis a la vuelta de la esquina, se han triplicado las aventuras a otros países, se han materializado guerras y -seguro- hay otras en camino, los préstamos han aumentado entre 55% y 80% en Latinoamérica[1], los costos de vida se han disparado, el dólar subió y subió. Pero las personas de a pie siguen comprando, y comprando y comprando, sin razón aparente. Juntar, ahorrar parece nos ser necesario.

Cuarto, la concentración de empresas en pocas manos ya no es noticia, pero se ha polarizado tanto que tenemos Mega Holding de comunicación, superempresas que devoran a las personas con precios a su antojo, pues la competencia es poquísima, no ha diversidad, los emprendedores mueren en meses o semanas, pues sus productos al menudeo no pueden competir con las rebajas e importes reducidos de los monstruos corporativos. De cada 100 emprendimientos solo 8-10 perduran más de dos años[2].

Quinto, las palabras responsabilidad, trabajo, esfuerzo y valores se han gastado o han pasado a ser dinosaurios de la vida cotidiana. Vivimos en un mundo donde se desea ser exitoso, ganador, conocido y ganar millones en meses o apenas uno o dos años, cuando es todo lo contrario: sea de carácter comercial o por el estudio, la meta financiera a ser sostenible y tener holgura monetario es una cuestión de años y dedicación. Muchos millennials, pero sobre todo  centennials se frustran al no alcanzar sus metas a semanas de emprender un startup, emprendimiento o comenzar un trabajo. Hay más chicos de entre 12 y 20 años con psicólogos en los últimos 10 años, muchos con estrés, ansiedad, depresión que otras generaciones. Mucho de esto tiene que ver con la sobre exposición a las redes sociales. Y ese es el punto…

Sexto, las redes sociales parece que son la vida de los adolescentes, jovencitos, jóvenes maduros y algunos adultos. Todos ávidos de like, corazoncitos, un bien hecho, reproducciones de sus videos  y toneladas de “te entiendo”, “yo también lo siento como tú”. La aceptación de los demás (o sea, de quienes no conoces y crees que te conocen) es fundamental en ellos. Varios estudios han demostrado el efecto negativo de las redes en la vida personal de estas personas.[3]

Por último, séptimo, la corrupción. Tengo ocho libros sobre corrupción en mi estante, otros tanto en PDF y varios documentales sobre el tema en mi pc. Explicarlo sería ocioso. Pero si hay que decir dos cosas: se ha acentuado en los países tercermundistas, se está elevando en el primer mundo y se viraliza por doquier. Las potencias y su ego, la empresas-holding-monstruos corporativos y sus tentáculos, sumado a la miseria humana de muchos políticos y gobernantes han mellado la médula más profunda de las personas: los valores y ética. Eso ya no se usa, y si lo haces eres un tonto, como mínimo.

Esperemos algo se pueda hacer (hazlo tú y yo) y es posible que, sumando contracorriente, esto cambie para bien. Total, la fe mueve montañas y de la caja de Pandora salió al final la esperanza, esa que millones también tenemos viva.


[1] *https://www.cepal.org/es/comunicados/la-pandemia-provoca-aumento-niveles-endeudamiento-paises-la-region-pone-peligro-la

[2] https://www.infobae.com/tendencias/innovacion/2018/06/24/startups-solo-el-10-sobrevive-los-dos-primeros-anos/

[3] https://psicologosanimae.com/impacto-efecto-psicologico-redes-sociales/#:~:text=El%20uso%20excesivo%20de%20las,estr%C3%A9s%2C%20la%20fatiga%20o%20ansiedad.