Escribe Armando Miño Rivera, Periodista Independiente y Docente Universitario.
Cuando estaba en el colegio tenía profesores super estrictos. Algunos me daban en la mano con una regla de madera por el solo hecho de mirarlos mal, no llevar la tarea o peor aún, hacerte la vaca. Y dolía horrores. La regla era la norma o la norma era el reglazo si no te comportabas.
Vivimos en un sistema donde el pendenciero es idolatrado; el vivo, el sabido es entronizado, la palomillada y criollada está cimentada como parte del ADN. La verdad, al contrario, es distorsionada, tapada, se aplica para otros no para uno. Es “inmoral” ser correcto, eso es para los tontos, los sonsos, los que no quieren avanzar. Sin embargo, decimos constantemente que no deseamos políticos, autoridades corruptas, cuando el concepto es exactamente aplicable a cualquiera que vicia o degrada su trabajo, profesión, su propia persona con actos denigrables.
Este fin de semana quedará como una muestra de la decadencia de la ética profesional, de quienes tienen el deber de ser agentes de decoro, honestidad y compostura. Miles de docentes rindieron examen para ser nombrados, desde temprano se acercaron a los centros donde se rendiría la prueba. Todo bien hasta allí, pero el cuadernillo de preguntas ya estaba fotocopiado y muchos, muchísimos docentes ya la tenían desarrollada. Cómo, quién, cuándo y cuánto es el asunto. Lo cierto es que algunos congresistas han pedido la anulación de la misma, mientras otros proponen que solo se investigue y sancione a los culpables. El gobierno ha dicho que son cosas aisladas. No hay peor ciego …
Esto devela, por un lado, la corrupción galopante en los niveles altos de gobierno, no solo de este gobierno, si no de todos los que han pasado ya. También los que pisaron cada ministerio, gobierno regional, alcaldías, jefaturas, lo que fuere. Presidentes presos, ministros prófugos o que han pasado cárcel, parlamentarios coimeros, entidades embadurnadas de envilecimiento y putrefacción. Lo sucedido este sábado pasado solo es la muestra del deplorable sistema que nos rodea. Pero duele más cuando un maestro, un docente, un profesor se mancha de esa manera.
Maestro, estudie, gánese el puesto, sus alumnos lo están viendo y no querrá que un día le digan no seas copión muchacho.






