Educación Ciudadana y la importancia de elegir informado

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Escribe Carlos Pérez Wilson, Académico Instituto de Ciencias Sociales UOH.

Nos aprestamos a vivir uno de los momentos más trascendentales de las últimas décadas. Lamentablemente, algo matizado por circunstancias propias de calendarios, prisas, coyunturas y voluntades.

Personalmente, hubiera preferido que las elecciones de constituyentes se hicieran separadamente. Mezclar cargos tan disímiles en alcance como lo pueden ser convencionales constituyentes, gobernadores regionales, alcaldes y concejales, sin duda ha mermado la posibilidad de informarse adecuadamente sobre la relevancia de cada rol, y no ofrece mucho tiempo para discriminar, de acuerdo a las reales funciones y posibilidades del cargo, entre aquellos candidatos y candidatas que muestran tanto interés, como experiencia, voluntad, compromiso y un cabal entendimiento de lo que se puede hacer desde el cargo al que postulan.

Así, nos vemos algo resignados a ser bombardeados por propuestas sintéticas que aluden a ideas fuerza que pueden mover al electorado, a llenarnos de afiches o palomas publicitarias con las que se espera puedan transmitir mucho en tan poco espacio.

Hace ya varios años que hay una preocupación genuina por la Educación Financiera, sobre todo con el nivel de endeudamiento de las familias chilenas. Se busca generar instancias para que las personas tomen conciencia de la administración responsable del dinero, de los factores que pueden afectar sus decisiones, de mecanismos, derechos y consecuencias del acceso a créditos, ya que muchas veces, se terminan pagando productos y servicios con altas tasas de interés. En suma, la mayoría de los consumidores no realiza la comparación entre los bienes disponibles  para tomar una decisión responsable. Se elige de acuerdo a la publicidad, a la facilidad de acceso, a la urgencia del corto plazo, a la recomendación «del que sabe», a la insistencia del vendedor, entre otras.

En la actitud ciudadana se está observando el mismo fenómeno, se elige por gusto o tendencia social, sin mucha vinculación o cuestionamiento, motivados por alguna coyuntura de agrado, y sin tomar conciencia que las consecuencias de estas elecciones pueden ser igualmente significativas en el ámbito de la gestión y legado del cargo. He leído y escuchado muchas ideas fuerza o compromisos de parte de candidatos y candidatas que no son necesariamente atribuibles al alcance o funciones que podrían hacer desde sus cargos. En otros casos prima el entusiasmo, lo cual es loable, pero no suficiente, ya que no es eso lo que definirá el éxito de su rol. Muchos de los cargos tendrán, a su vez, instancias compartidas de decisión.

¿Qué nos queda entonces? Ejercer la ciudadanía de manera responsable. No se trata necesariamente de ir a votar, aunque lo considero uno de los primeros actos ciudadanos que hay que respetar en honor a lo que ha costado acceder a estas instancias democráticas en la historia. Haciendo la analogía de la educación financiera, hay que informarse, primero del cargo, qué es, qué puede y no hacer, y luego contrastarlo con los candidatos: quiénes son, qué proponen, qué piensan hacer y cómo. El no tener ambas visiones es tan ingenuo como creer que hay una compañía o casa comercial que es siempre mejor que todas las otras en todas las cosas.

Como planteó sabiamente Barack Obama “el papel del ciudadano en nuestra democracia no acaba con el voto”. Seguramente todos tenemos muy poco tiempo, e informarse cansa y no es prioridad frente a otras urgencias, pero es el precio a pagar si queremos gozar de una sana, responsable e inteligente vida democrática.