Sin dinero, sin vacuna

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Escribe Armando Miño Rivera, periodista independiente y docente universitario.

Ayer verificaba -por enésima vez- si alcanza para unas zapatillas. Bueno, me alcanzó para las de mis hijos. Y las compré porque en un año han creció casi 15 centímetros. Para muchos en estos momentos, también les es necesario comprar algo para vestirse, para sacar del ropero lo que ya fue. Me ponía a pensar si el sueldo alcanza en estos momentos. Y es que pienso mucho en que mi necesidad no es tal en comparación de otros seres humanos que tienen prioridades reales, como comer, por ejemplo.

La recesión, la falta de trabajo, la tercera ampliación de la suspensión perfecta de labores y la informalidad que esto acarrea, es motivo suficiente para ponernos a pensar qué sucederá si la inminente segunda ola llega de golpe. Bueno, ya golpeó feo desde hace semanas (los indicadores de personas contagiadas han subido exponencialmente) y el poder adquisitivo cada vez es menor. Qué pasará con los empleos menores, independientes, los hogares donde trabajan part-time o los que deben laborar y estudiar. Las fórmulas se agotan y no vemos que el estado diga YA TEBEMOS UN PLAN. Ni por asomo.

En Europa la alerta saltó en diciembre por tercera vez, mientras que, en Sudamérica, las autoridades flexibilizaron y dejaron el control de la pandemia a sus ciudadanos, dándoles más libertad con responsabilidad. Responsabilidad que sabemos, no es la más rigurosa en estos lares. Perú ya ve las consecuencias. Pronto, como lo han dicho la ministra de Salud, Mazzetti, y el decano del Colegio Médico del Perú, Palacios, estaremos en una seguidilla de contagios verificados y esto, evidentemente, significa que los hospitales, clínicas y demás centros médicos se desbordarán. El panorama no es el mejor y ya se ha perdido tiempo valiosos.

Inglaterra ya cerró fronteras, se han recluido nuevamente y lo mismo está por suceder en otros países europeos. La diferencia es la infraestructura, preparación de sus médicos, presupuesto, administración transparente y rápida, así como las vacunas compradas y que en este momento ya están administrándose. En Perú, naca la piriñaca. La Mazzetti se acercó -es un decir- a la comisión de Salud del congreso y no ha dejado nada en claro. Pero lo que, si sabemos, lo que palpamos, es que no hay vacuna, no hay contrato y no hay forma de saber si de verdad habrá vacuna en dos meses. Ya se había dicho que estaría para octubre, luego en diciembre, ahora en este primer trimestre. Así llegaremos a otro año nuevo, con promesa y sin inyectable. Los políticos peruanos deberían ser premiados como las más incapaces del mundo. Y de lejos ganan.

La vacuna no llega. El coronavirus hace rato se quedó.