Dimensionar el trabajo migrante en la Región de O’Higgins

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Escribe Carlos Isla, Analista Observatorio Laboral de la Región de O’Higgins.

El aumento de la inmigración en nuestro país es un fenómeno evidente en los últimos años y que ha generado intensos debates públicos. Nuestra región no escapa a esta realidad. Pero ¿cuáles son las cifras que lo describen de mejor manera en nuestra región? Sólo conociendo y evaluando dichos antecedentes podremos dar un debate constructivo y alejado de prejuicios que muchas veces impiden llegar a decisiones públicas de beneficio para nuestro territorio y el conjunto de sus habitantes.

En nuestra región, particularmente, se puede observar que la balanza no se inclina en ningún caso hacia los inmigrantes, y que no se puede estar más lejos de la idea de que los extranjeros acaparan el empleo. Por el contrario, su presencia –si bien en aumento- es muy menor en comparación a las chilenas y chilenos y viene acompañada de precariedad y desprotección social.

No es ninguna sorpresa que han aumentado las personas extranjeras en el empleo regional: desde el año 2017, pasaron de ser cerca de un 6% de la población ocupada, a un 10% a julio recién pasado, sumando cerca de 33.000 personas (fuente: Instituto Nacional de Estadísticas). No obstante, se debe considerar, a su vez, que gran parte de esta población es flotante, con alta presencia en la región durante los meses de verano (principalmente en el sector agrícola y comercio), pero que luego vuelve a su país de origen una vez finalizada ésta (se reduce en un 40% en época de invierno).

Ahora bien, el verano recién pasado supuso un quiebre en la evolución de la ocupación de inmigrantes en la región, registrándose en ellos un mayor nivel de informalidad[1] que en años anteriores (incluso doblando la de chileno/as), con menos trabajadores con contrato (20% menos) y llegando a trabajar hasta 60 hrs. a la semana. (fuente: INE)

Es decir, el trabajo migrante en la región de O’Higgins viene mostrando claras señales de precarización, situación que se podría ver agravada en la siguiente temporada de cosecha producto de la pandemia: es altamente probable que existan menos trabajadores inmigrantes, por tanto menos contratos para estos trabajadores, con potencialmente más horas de trabajo y mayor informalidad.  

Las malas condiciones ofrecidas a los ocupados migrantes y su reducción producto de la pandemia, supondrá un aumento de la demanda por trabajadores de la región. A su vez, el déficit de estos trabajadores podría obligar a incorporar trabajadores de otras actividades económicas -sin la experiencia ni el conocimiento técnico necesario,- lo que podría desembocar en una baja en la productividad del agro para la siguiente cosecha.

El desafío es doble: por un lado promover la capacitación de los trabajadores chilenos en los principales rubros productivos de la región, y a su vez valorar el aporte inmigrante mediante mejores condiciones laborales. Los inmigrantes en nuestra región no acaparan empleo, lo nutren y empujan su desarrollo, y su ausencia se hará notar.


[1] Sin previsión social y de salud