El 11 y el Presidente Frei Montalva: verdad y memoria histórica

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Escribe Edison Ortiz, Profesor de Historia.

Estando en Valencia en julio de 2016, tuve la oportunidad de participar, en la sede del PSOE-PV, de un foro que se llamó “Valencia Desmemoriada”, organizado por el concejal José Luis Ábalos. Después de 30 años del inicio de su transición, el debate sobre el pasado seguía golpeando con fuerza cada cierto tiempo. Esa sociedad logró restablecer su democracia luego de una brutal dictadura de 40 años, omitiendo parte de su memoria histórica y, con ella, los crímenes de Franco.

En aquel verano mediterráneo, la casualidad era nuevamente la que había sacudido a los valencianos. Mientras se ampliaba una autopista, se encontró una fosa con cientos de cadáveres, algo que ha seguido ocurriendo, pues en junio de 2020 el periódico Levante volvía a publicar el hallazgo de nuevas fosas de soldados republicanos. Tal hecho fortuito volvió a abrir el debate sobre la memoria histórica, tal como ocurrió el año pasado a propósito del traslado de los restos de Franco al cementerio de Mingorrubio en El Pardo.

La transición española fue, sin duda, muy difícil, con un dictador que quiso “dejar todo atado y bien atado” y que llevó a los actores de la misma –el franquismo reciclado, el PSOE de Felipe González y el PC de Santiago Carrillo– a iniciar un nuevo ciclo que, visto en perspectiva, dado que España está en crisis permanente desde 2009, más o menos no resultó ser tan exitoso. La ausencia de una política pública de recuperación de la memoria histórica y de establecimiento de la verdad, le vuelve a pasar la cuenta al régimen de 1978 y evidencia las complejidades que se presentan cuando no se procesan las heridas del pasado.

Como bien sabemos, España fue el modelo, por proximidad cultural y política, que emplearon los artífices locales de la transición. Se cuenta que allí, en Madrid, bajo el alero de Felipe González, se produjeron los primeros acercamientos entre los dos grandes actores políticos que harían más tarde nuestra transición: la Democracia Cristiana y algunos dirigentes del PS en el exilio, como el que sostuvo Andrés Zaldívar y Aniceto Rodríguez o el que tuvo lugar en el Grand Hotel de París entre el mismo Zaldívar, Aniceto Rodríguez, Raúl Ampuero y el propio Altamirano, algunos de los dirigentes máximos de dos de los protagonistas directos del 11 de septiembre de 1973.

Ambas colectividades sabían –desde el año 1976 más o menos, cuando la DC instruye a los militantes que habían estado colaborando con el régimen, que va en vías de perpetuarse, que abandonen sus cargos– que la única opción viable de recuperación de la democracia era la unidad del centro, representado por el PDC y, por lo menos, una parte de la izquierda, en este caso el PS. Se trataba de enemigos acérrimos desde comienzos de los años sesenta, cuando la DC realizó una campaña del terror contra Allende en 1964, presentándolo como agente soviético (incluyendo afiches con tanques rusos) y luego el PS, en boca del senador Aniceto Rodríguez, señaló que al Gobierno de Frei le negarían “la sal y el agua”.

Este quiebre se profundizó a lo largo del Gobierno de la falange, cuyo mandato culminó con su partido quebrado –se escinde el Mapu y con posterioridad la Izquierda Cristiana– con el famoso «Tacnazo» que encabezó el general Viaux, sin sucesión, ya que Tomic salió tercero en la elección presidencial, y con un Presidente muy frustrado, a quien se le exacerbaron sus convicciones anticomunistas que lo moldearon en su juventud. Recordemos que Frei fue un tibio admirador del falangismo español y que en un temprano viaje a Europa se entrevistó en Madrid con dos de los principales dirigentes de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), que serán claves luego en los sucesos de 1936-1939.

Como la única salida posible y democrática a la dictadura de Pinochet era la unidad de la DC y el PS –de hecho este último logró recién a fines de diciembre de 1989 lo que no había alcanzado en 10 años: su unidad– ambos actores prefirieron mirar para adelante, sin establecer un acuerdo sustancial sobre sobre su papel en el pasado reciente. Si bien el PS, en especial el ala renovada, hizo una crítica sustancial sobre su responsabilidad en el golpe, no sucedió lo mismo con el PDC en el sinceramiento de su carga en esa tragedia, en especial el rol de su principal figura pública: el ex Presidente Frei.

La historia del 11 que no tiene relato: la participación de Frei Montalva en el golpe

Carlos Altamirano cuenta en sus memorias que la respetuosa y cordial relación que habían tenido Frei y Allende se quebró definitivamente con el triunfo del segundo en septiembre de 1970. El exsecretario general recuerda que en la entrevista de saludo protocolar que ofrendó el Mandatario, el recién electo notó el frío comportamiento de Frei con su sucesor –“era un energúmeno”–, lo que también fue observado por el hermano Bernardo Leighton: “Un personaje enfurecido, odioso, indignado”. A la salida de la entrevista, Allende le comentó a Altamirano que “en lugar del amigo de siempre, se había encontrado con un personaje que no conocía, que lo increpó indignado por lo que ‘había hecho’, porque su Gobierno iba a ser un fracaso, porque nada bueno resultaba andando por ahí con los comunistas».

El libro de Joan Garcés, Soberanos e Intervenidos, muestra documentación desclasificada que evidencia que Frei recibía de los servicios de inteligencia estadounidenses desde 1962 un estipendio de U$ 180.000, mientras a su partido le donaban U$ 50.000 (Covert Action IN Chile, 1963-1973, pág. 40). Ni hablar del desembolso que realizó la CIA en la elección presidencial de 1964 apoyando a Frei. Según Garcés, este fue superior al gasto de las candidaturas demócrata y republicana de ese mismo año. El exembajador de Estados Unidos, Edward Korry, testimonió que recibió en vísperas del 4 de septiembre de 1970 a Frei y que este le manifestó su preocupación por un eventual triunfo de Allende. Con no muy buenas fuentes de información, Korry lo calma señalándole que tiene datos que le indican que Alessandri se impondrá y lo llama a la calma.

Diversos relatos involucran a Frei en la operación que culminó con el asesinato del comandante en Jefe del Ejército, general René Schneider. El general Viaux, en el libro entrevista que le hace Florencia Varas, indica que “supe de labios del señor Nicolás Díaz Pacheco, un recado que me enviaba el Presidente Frei a través del sacerdote Sr. Ruiz-Tagle, cuñado del señor Frei, diciéndome que ‘tenía luz verde para actuar’, pero que lo hiciera en buena forma, con completa seguridad del buen éxito, pues de otro modo se vería en la obligación de proceder en mi contra”. Luis Jerez, exsubsecretario del PS y concejal de Rancagua, cree que es el mismo Nicolás Díaz con quien compartió «algunos años en los afanes del municipio de Rancagua, un democratacristiano profundamente enamorado de sus convicciones, anticomunista como el que más y exaltado hasta la temeridad”, aunque creo que es solo un alcance de nombre, pues el «Nicolás Díaz Pacheco» que colabora con Patria y Libertad es condenado, junto a otro actor local –Julio Bouchon, conocido empresario vitivinícola de la región–, como cómplice en el asesinato de Schneider.

Esto consta en la sentencia 603 que lo condena a “tres años y un día a presidio menor en su grado máximo y a las accesorias de inhabilitación absoluta perpetua para derechos políticos y de inhabilitación absoluta para ejercer cargos y oficios públicos” y tres “de relación menor en su grado medio a los citados reos Yapur, Bouchón, Cosmelli”, en tanto que a Nicolás Díaz Pacheco a tres de extrañamiento.

En Rancagua, incluso se llega a rumorear que conocidos actores públicos DC esconden a miembros de Patria y Libertad que participaron del atentado fatal al general Schneider. Nicolás Díaz Sánchez, aludido por Jerez, en tanto, asumía como intendente de la provincia el mismo día del atentado a Schneider y el diario local, en su edición del miércoles 28 de octubre, indicaba en su titular que “En Rancagua se creará Población René Schneider Chereau”, la misma donde llegábamos a vivir procedentes de San Bernardo en julio de 1974.

Alfredo Joignant, padre, quien viaja con Max Marambio el 11 de septiembre de madrugada a Rancagua para intentar detener el atentado que perpetrará Patria y Libertad, recuerda que luego del atentado a Schneider hay una reunión cumbre entre Allende y Frei: “Yo esto lo conozco bien, porque en Dawson fui compañero de Hugo Miranda, quien fue testigo presencial de ese hecho. Según la versión que yo conozco, Allende se entrevista con el aún Presidente en ejercicio a raíz del estado moribundo en que se encuentra Schneider y le dice ‘o me sacas inmediatamente a Fonseca de director de investigaciones que es un hombre de la CIA o te denuncio como cómplice del intento de asesinato del general Schneider’. A lo que Frei le respondió duramente: ‘Esto sí que no te lo aguanto, Salvador’. Sin embargo, por la tarde el Presidente llama a Allende, y esto lo sé porque estaba con él, y le comunica que ha nombrado a Emilio Cheyre Toutin (padre del excomandante en Jefe del ejército) y le pregunta ¿a quién deseas que nombre como subdirector? Allende, inmediatamente le responde: ‘Eduardo Coco Paredes’. Y Coco se transformó así en el primer funcionario de Allende nombrado por Frei aún antes que Allende asumiera el cargo de Presidente de la República”.

Un nuevo episodio que confirma la voluntad golpista de Frei es su renuencia a pactar con Allende las empresas del área de propiedad pública que alcanzaban a 91. Ese acuerdo que se había alcanzado con la participación del ministro de Planificación, Gonzalo Martner García, y Eduardo Cerda, por parte del PDC, eventualmente descomprimiría la tensa situación política del país y daría un poco de oxígeno al Gobierno. Tal pacto era clave para mantener la legitimidad democrática y la viabilidad de esa administración. En Dialéctica de una derrota, Altamirano señala que “desde luego, es un hecho cierto que el Gobierno de la UP buscó honesta y reiteradamente un entendimiento con la DC. Es cierto también que en el seno de la izquierda se formularon reservas legítimas y justificadas sobre el éxito y conveniencias de tal iniciativa. Pero es necesario dejar plenamente establecido que ningún partido de la UP obstaculizó el desarrollo del diálogo propuesto”.

Sin embargo, la propuesta fue deslegitimada por Frei a través de un llamado telefónico hecho desde Yugoslavia. Según Altamirano, “las conversaciones culminaron con dos cuestiones pendientes: la inclusión de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, el mayor monopolio del ramo, en el área social, y la forma de integrar el directorio de los bancos estatizados. El 30 de junio el Gobierno aceptó nada menos que la exclusión de dicho monopolio del área social y accedió a la fórmula del PDC sobre el problema de los bancos. El 14 de julio se llegó a un acuerdo total. Al día siguiente, los senadores de la Democracia Cristiana desconocieron el entendimiento y junto al resto de los partidos opositores los vetos propuestos por el Poder Ejecutivo a la Reforma Hamilton-Fuentealba. De esta manera naufragaban, de hecho, veintitrés días de intensas conversaciones. Un llamado telefónico de Frei, ordenando el desahucio inmediato del acuerdo, hecho desde un país extranjero, puso las cosas en su lugar”.

Hubo luego un nuevo intento de diálogo, pero nuevamente el segundo cargo jerárquico del país –Frei como presidente del Senado– se negó a asistir y mandató en cambio a su subordinado, Patricio Aylwin. Este, luego de varias reuniones y a través de una carta pública dirigida al Presidente de la República, manifestó que es «inútil prolongar conversaciones que sólo contribuirán a confundir más al pueblo que nos mira, con el consiguiente perjuicio para nuestro régimen democrático». Allende, que entendía perfectamente lo que el presidente del PDC le había señalado, le respondió que “no deseo dramatizar, pero tengo el deber de recordarle las trascendentales responsabilidades que usted y yo tenemos en la difícil instancia que vive el país y las proyecciones históricas de nuestras decisiones. Por ello, y por el interés superior de Chile, debemos continuar el diálogo. Lo invito formalmente para que prosigamos nuestras conversaciones».

Por último, días antes del 11 de septiembre, el dramático llamado del cardenal Raúl Silva Henríquez tampoco rindió frutos ante el PDC y tuvo una respuesta arrogante de su presidente: “No hay conversaciones mientras el Gobierno no proceda a las rectificaciones planteadas en el acuerdo de la Cámara de Diputados».

Como se sabe, los hechos se precipitaron a partir del anuncio de Allende a las dirigencias de las colectividades que lo apoyaban, sobre su decisión de convocar a un plebiscito para zanjar el impasse con la oposición, y donde diversos relatos testimonian que estaba consciente que lo perdería, pero se salvaguardaría la democracia. Algunos de sus partidarios, como Óscar Guillermo Garretón, Bosco Parra y Adonis Sepúlveda, en representación del PS –situación que Altamirano luego corregiría a través de un llamado telefónico a Allende–, estuvieron en contra de la propuesta hecha el día viernes, en tanto el PC en la convocatoria a consulta de sus órganos regulares demoró la respuesta. En la mañana del domingo 9 de septiembre, el Presidente les comunicó tanto al comandante en Jefe del Ejército como al inspector general del mismo, Orlando Urbina, su decisión. Por la tarde y luego de una reunión en la que participó Pinochet con Leigh y emisarios de Merino, el jefe del Ejército decidió su alta traición e impedir el llamado a las urnas.

Luego del golpe, el presidente del Senado, Eduardo Frei, realizó una visita protocolar a la Junta Militar. En aquella oportunidad, tras ser comunicada la disolución del Congreso y decretada la ilegalidad o receso de los partidos políticos, los militares le confiscaron el vehículo oficial. El día 12 de septiembre, Patricio Aylwin, su subordinado, firma una declaración justificando el golpe y la lee en cadena nacional. Sergio Onofre Jarpa, presidente del Partido Nacional, hace lo propio. El día 18, junto a Gabriel González Videla y Jorge Alessandri, Frei participa del Te Deum de la Iglesia católica al lado de la Junta Militar, como lo testimonia la histórica imagen captada por el fotógrafo argentino Horacio Villalobos.

En octubre, escribe la vergonzosa carta a Mariano Rumor, presidente internacional de la Democracia Cristiana, describiendo el por qué de la participación del PDC chileno en la conspiración que acabó en el golpe. Por ese mismo tiempo, otorga una entrevista al diario español ABC, donde justifica su actuar y execra, casi como un fanático anticomunista, al Gobierno de Allende.

Se cumplen 47 años del golpe y la herencia de Frei Montalva sigue estando presente en una parte del PDC chileno. Sería trascendental que la DC alguna vez asumiera íntegramente su responsabilidad en el golpe, así como la de su máximo dirigente por entonces. En vez de empequeñecer el rol significativo de la falange durante el último medio siglo, asumir su responsabilidad histórica la enaltecería y ayudaría a que las generaciones más jóvenes pudieran formarse un juicio no oscurecido por los intentos de evadir responsabilidades. De más está decir que también contribuiría a aprender las lecciones de la historia para no repetirla, y a disminuir la tentación histórica a resolver los conflictos políticos y sociales mediante el método del recurso ancestral a la violencia.