¿Te acuerdas cómo jugar?

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Escribe Paula Torres Díaz, Docente del Área Educación CFT Santo Tomás Rancagua.

En estos tiempos de cambios sociales y pandemia, sin duda alguna nuestros niños y niñas se han visto afectados de una u otra manera: dejar de asistir a la escuela, no poder reunirse con sus amigos o familiares, no realizar las actividades cotidianas, cumpleaños, en fin, las actividades propias de la infancia. Le podemos sumar a esto los apremios de la vida adulta: teletrabajo, cesantía, restricción de libre salida, toque de queda, enfermedad… esta mezcla no ayuda a la salud mental de niños, niñas y adultos.

¿Y si jugamos? ¿te acuerdas cómo jugar? Te lo digo a ti, “adulto” … ¿y si transformamos el día en un gran juego? La invitación es a cambiar nuestra realidad cotidiana desde nosotros y nosotras mismas. Feuerstein propone la mediación del proceso de enseñanza aprendizaje como la “transmisión de la cultura”. A raíz de éste y otros conceptos asociados, el autor propone que “los individuos pueden (y deben) transformar la sociedad”. Esto quiere decir que los adultos podemos y debemos revertir o resignificar las vivencias y no que las circunstancias nos superen (¡ojo! sin dejar de tener sentido de realidad).

Si los individuos podemos cambiar la sociedad, en este caso podemos aminorar los efectos de nuestras circunstancias. No sólo para el beneficio de nuestros niños y niñas, sino también por nosotros y nosotras mismas: ¿Por qué no partir la mañana jugando? El juego es la actividad más importante en la infancia, en él se aprende, se socializa, se practican roles, se desarrolla la imaginación, etc.

La propuesta es la siguiente: ¿y si esta pandemia es una colonia de seres humanos habitando un planeta desconocido? La mascarilla nos provee de filtros para los gases de este planeta, salimos de nuestras casas solo en algunos horarios, ya que las condiciones de este nuevo planeta así lo requieren, no se puede salir de noche porque hay radiación o animales desconocidos, etc. O más simple, la casa es una gran oficina, en donde tengo que trabajar y necesito asistentes o jefes, que me ayuden con las labores administrativas, una contadora (ejercitar sumas), un secretario (ejercitar escritura), etc.

Un día, el almuerzo puede ser un restaurant, la tarde-noche un cine, el cuidado del patio en un huerto, el cuidado de las mascotas en una tienda veterinaria… ¡hasta el lavado de ropa puede ser una lavandería! Y le agregamos el dinero de la “gran capital” podemos hacer transacciones económicas. Se me ocurren muchas ideas desde lo que tengo, pero estoy segura de que en los diferentes contextos en que viven nuestros niños y niñas hay más ideas, más juegos, más entretención y por sobre todo más aprendizaje.

La tecnología puede ser parte del juego, pero no el juego en sí mismo (o un ratito). ¿Por qué los niños y niñas la prefieren? Porque esos juegos proponen desafíos y eso es un atractivo no sólo de entretención, sino también desde la necesidad del cerebro de tener nuevas experiencias y oportunidades de aprender.

¡Juega tú, adulto! Desafía a tus hijos e hijas, lleguen a la noche cansados de jugar, tal vez exista un gran premio al final de este juego: “Ese fue el sacrificio de mi padre. El gran premio que tenía para mí” (“La vida es bella”, 1997).