“Se puede visualizar el producto, el origen y el proceso de elaboración, mucho más directo mediante imágenes que explican todo con un texto”, señala Natalia Toledano, profesional experta en turismo del proyecto.
Un abanico de pequeñas escenas que describen el paisaje y los oficios detrás de la artesanía y la gastronomía patrimonial de la Región de O’Higgins es la colección de infografías que recientemente publicó en redes sociales el Instituto del Patrimonio Turístico de la Universidad Central. Se trata de 30 ilustraciones a mano alzada, acompañadas de relatos, que cuentan a simple vista la historia de un producto patrimonial de la región, las costumbres y tradiciones que lo originan.

Así, la historia va acompañada de cinco ilustraciones que muestran momentos y personajes relacionados con el relato: una alguera caminando sobre unas rocas, un atado de cochayuyos, dos hombres recogiendolos y, finalmente, el producto, su envase y la presentación en snacks.
Como ésta, hay otras 29 historias visuales, de productos como la alfarería y talabartería de Marchigüe ; la carne de jabalí y la artesanía en arcilla de Pañul; la artesanía y orfebrería de cobre de Coya; el condimento de piure de Pichilemu; el tomate rosado de Peumo; el maní y los tejidos de lana de Corcolén; el aceite de oliva y el vino orgánico de Lolol; los ahumados de Palmilla; la artesanía en fieltro de Millahue; los cuchillos parroninos de Peralillo; el mimbre y el charqui de Chimbarongo; la artesanía en piedra de cantera de Pelequén; la textilería de chamantos y el chacolí de Doñihue; la cestería en teatina de La Lajuela; la quínoa de Paredones; el cordero del secano de Pumanque; la chicha de La Estrella; la miel de grama de palma de Las Cabras; la sal de mar de Cáhuil, La villa, Barrancas y Lo Valdivia; la artesanía en lana de Puente Negro; la artesanía en madera de San Fernando y el espumante de naranja de Guacarhue.
“Cada relato debía tener tres cosas: la historia del producto o actividad; su proceso de elaboración y el lugar de que proviene. Otro punto importante es que quisimos relevar los productos y no sus productores”, agrega Toledano.
Patrimonio turístico
Detrás de cada lámina hay un arduo trabajo de diseño, investigación y desarrollo. “Primero se hizo un levantamiento en que se entrevistó a los productores para conocer sobre el proceso y su historia; posteriormente se hizo una importante revisión de fuentes bibliográficas complementarias, con lo cual se generaron los relatos que describen los oficios y productos patrimoniales. Recién ahí pasamos al proceso de diseño. La propuesta de trabajo a mano alzada responde a un trabajo distintivo y único elaborado para el Instituto y que tiene por objeto expresar valores patrimoniales. El trabajo de diseño fue direccionado minuciosamente para lograr plasmar la esencia de lo patrimonial en los mejores trabajos realizados”, agrega la profesional.
Las infografías, además de estar en las redes sociales y en el sitio web www.estoy.cl, tendrán formato de papel con el fin de que sea un material que puedan usar los productores y prestadores de servicio, como hoteles y restaurantes, para la difusión de los productos.
Prontamente se dispondrá de un marketplace para que los emprendedores puedan vender sus productos. “Los interesados podrán comprar directamente”, señala Toledano.