Coronavirus y crecimiento exponencial

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Escribe Dr. Carlos Pérez, Académico Instituto de Ciencias Sociales Universidad de O’Higgins.

Qué duda cabe, la propagación del virus ha despertado alarmas y angustia en la población, que se sorprende con la rapidez de los contagios. Se habla por todas partes del crecimiento exponencial que se viene manifestando, que es un concepto que intuitivamente es a veces confundido con el de un crecimiento lineal o de bajos factores multiplicativos.

En realidad, un crecimiento exponencial es algo que se va “multiplicando” a una razón constante, y puede ser que se vaya duplicando, triplicando, centuplicando… el factor puede depender de la naturaleza del propio fenómeno, pero puede ser influenciable por las medidas para favorecer o mitigar su crecimiento. El decrecimiento exponencial puede entenderse de manera similar, en que algo se va “dividiendo” a una razón constante.

Por ejemplo, un crecimiento exponencial que quintuplique diariamente los casos significa que, si hay 1 caso el día 0, luego de 6 días tendrá 15.625 casos. Por el contrario, si el crecimiento sólo se triplica diariamente, esos 15.625 casos pasarían a ser sólo 729. El efecto por tanto del factor con el que se experimenta el crecimiento es relevante.

Hay fenómenos que crecen exponencialmente, pero con medidas de tiempo más lentas que lo que estamos presenciando ahora, y que a veces nos hacen perder la conciencia de su problemática: el crecimiento de la población, las emisiones de carbono, el consumo de recursos naturales, la rapidez de cálculo de los computadores. Desde el otro punto de vista, hay fenómenos que, a la inversa, decrecen exponencialmente, como la disponibilidad de agua, o la extinción de especies. En ambos casos, algunas de ellas ocurren muy lentamente, lo que a veces instala una sensación de incredulidad, desesperanza o de poca efectividad, como los efectos atribuibles a los cambios culturales, impacto de los cambios curriculares, medidas de mitigación, en donde las presiones de resultados en plazos que no son los propios del fenómeno pueden a veces dar lugar a decisiones desafortunadas.

La presión pública y de algunas autoridades al no comprender a veces la escala de tiempo involucrada en estos fenómenos, produce muchas veces un juicio apresurado: pensar que “aún queda mucho tiempo”, cuando no es así, o que “ha pasado mucho tiempo”, cuando tampoco es necesariamente cierto. Lo importante siempre debe ser, primero que todo, tratar de entender la naturaleza del fenómeno, para tratar de ir planificando la mejor manera de actuar de manera proactiva y responsable.