Son un desastre

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Escribe Manuel Polgatiz, Periodista y Comentarista Deportivo.

¿Se perdió la idea o nunca existió? Los objetivos comienzan a tambalear y aquello que inicialmente era un deseo, hoy se transforma en angustia. Está todo enrarecido, como si el estallido social hubiese pegado fuerte en el equipo y la institución. Pero vamos por parte para no olvidar ningún detalle.

1) Que un partido frente a la Universidad de Chile en Rancagua, se juegue con menos de 5 mil personas en las gradas, me parece raro.

2) Somos testigos de un técnico local, que no posee los argumentos para convencer a su plantel. Los jugadores no sienten su filosofía y poco le creen para dar vuelta esta situación.

3) No es extraño que un profesional sea titular en una jornada y en otra ni siquiera va en la lista de convocados? Eso claramente va minando un terreno sensible, donde el artista, siente que no ostenta la confianza del mandamás.

4) Cuando la cabeza del proyecto deportivo, el entrenador, se enfrasca en peleas absurdas con la prensa, o bien, limita su poder con los referentes, el túnel sin salida está a la vuelta de la esquina.

5) Es muy raro que a este plantel, casi se le haya olvidado jugar, porque correr lo hace cualquiera.

6) La motivación está por el suelo y no veo ni siquiera un atisbo de luz que alimente la esperanza. Si ya algunos comparan a Graff con Larriera, significa que estamos cerca del fondo.

7) No eres tú soy yo, ¿dónde escuché eso?. Frase que encaja perfecto para dimensionar el problema en que está O’Higgins. A ratos se juega bien pero los resultados indican que vas más cerca del descenso que de la punta.

8) Pero lejos lo peor, es la desidia de algunos para enmendar el rumbo. En Rancagua la culpa siempre es del empedrado. Son un desastre y si no se ordenan, este denso ambiente puede permanecer durante todo el 2020.

Si tuviera la receta para abandonar este pozo negro, aquí mismo la escribiría. Al menos el diagnóstico está sobre la mesa y lo pongo a disposición de quienes usan la razón. Ante la «U» (la peor versión de muchos años), la derrota fue justa, porque el rival si tenía hambre de victoria.