Voz moral de la revolución sandinista y crítico del Gobierno de Daniel Ortega, ha muerto a los 95 años en Managua. Diario El Pulso recuerda su visita a Rancagua y Sewell en el año 2006.

El poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal ha fallecido este domingo en Managua a la edad de 95 años a causa de daños renales y cardiacos, informaron fuentes cercanas al literato, uno de los principales exponentes de la poesía latinoamericana.

Cardenal era uno de los más destacados representantes de la llamada teología de la liberación. Su compromiso político lo hizo apoyar la lucha armada contra la dictadura de Somoza, una dinastía que gobernó Nicaragua por más de 40 años, y más recientemente plantar cara al Gobierno del presidente Daniel Ortega, cuyos desmanes y arbitrariedades denunciaba allá donde viajaba a presentar su poesía.

Su compromiso con los más pobres y contra las injusticias lo convirtieron en la voz moral de la revolución sandinista, un proyecto con el que se comprometió a fondo y le valió la reprimenda del Papa Juan Pablo II, para quien un sacerdote no podía inmiscuirse en los asuntos políticos. “¡Nicaragua sin Guardia Nacional, veo el nuevo día! Una tierra sin terror. Sin tiranía dinástica”, había escrito en uno de sus poemas más celebrados, Canto Nacional.

Nació en Granada (Nicaragua), el 20 de enero de 1925. Heredero de una sólida tradición poética –con poetas prominentes como Rubén Darío–, Cardenal estudió literatura en Managua y México y cursó otros estudios en Estados Unidos y Europa.

En 1965 fue ordenado sacerdote y más tarde se asentaría en el Archipiélago de Solentiname, localizado en el Gran Lago de Nicaragua, donde fundó una comunidad de pescadores y artistas primitivistas que se hizo mundialmente famosa.

Fue ahí donde escribió su célebre El Evangelio de Solentiname. El archipiélago es un sitio de peregrinación de los fieles lectores y seguidores del poeta. Cardenal pasaba sus vacaciones en esas islas, donde leía las obras completas de Darío, escribía o dirigía la misa de Semana Santa en la pequeña iglesia de la localidad. Allí será despedido.

El escritor Sergio Ramírez, Premio Cervantes y amigo cercano del poeta, ha dicho de él que es uno de los grandes innovadores de la lengua española, al crear una nueva forma lírica, la de la narración en la poesía, que convirtió a Cardenal en un cronista de su tiempo.

“Mido a Ernesto primero por su don de innovación. Hay muy buenos poetas que no logran hacer escuela, y eso no le quita peso a su voz, pero Cardenal, desde el principio hizo escuela, tuvo seguidores, abrió una brecha en la poesía de la lengua,” dijo Ramírez.

El mismo Cardenal se definía como el fundador de un nuevo estilo, lo que él llamó en entrevista con EL PAÍS “poesía científica”. “Creo que soy el único poeta, o al menos el único que yo conozco, que está haciendo poesía sobre la ciencia, poesía científica. Para mí es casi como una oración leer libros científicos. Veo en ellos lo que algunos han dicho que son huellas de la creación de Dios”.

La poesía de Cardenal está fuertemente ligada a la Revolución Sandinista, que en 1979 derrocó a la dictadura de Somoza. En poemas como Hora Cero o El Canto Nacional el poeta destacó las proezas de Augusto Sandino y los guerrilleros sandinistas. Esa íntima vinculación a la política hizo que la nomenclatura de la Iglesia católica lo rechazara, a tal punto que el Papa Juan Pablo II lo amonestó públicamente cuando visitó Nicaragua en 1983, en plena era sandinista.

Cardenal, sin embargo, mantenía un profundo amor cristiano, expresado a través de obras como Los Salmos, versos que demuestran su compromiso con la fe, pero también su crítica contra las injusticias, la opresión y el sufrimiento de los más desprotegidos. El poeta era un creador incansable, un hombre comprometido políticamente hasta el final de sus días, y una voz profética, combativa e incómoda para el poder.

El poeta ha vivido su propio martirio desde 2007, cuando Daniel Ortega regresó al poder en Nicaragua. Desde entonces ha sido perseguido por la justicia, controlada por el líder sandinista. “Ellos [Ortega y su esposa Rosario Murillo] son dueños de todos los poderes de Nicaragua. Tienen un poder absoluto, infinito, que no tiene límites, y ese poder está ahora en mi contra”, dijo Cardenal a EL PAÍS en una entrevista concedida en su casa de Managua en 2017. A pesar de esa persecución, Cardenal ha mantenido una actividad incansable. Ha viajado a recitales a Europa y América Latina, denunciando, además, los desmanes de Ortega. Él, que en su Cántico cósmico escribió que la poesía es “el canto y el encanto por todo cuanto existe”, seguía trabajando a sus 95 años. El pasado 4 de febrero fue ingresado en un hospital de Managua debido a una infección renal y aunque se pensaba que no saldría de esa, el poeta se recuperó y semanas más tardes recibió a EL PAÍS en su casa de Managua comiendo un nacatamal, un plato tradicional nicaragüense preparado a base de maíz.

Tras décadas de purgación por parte del Vaticano, el poeta fue rehabilitado por el papa Francisco. Jorge Mario Bergoglio le informó en febrero del levantamiento de la suspensión ad divinis (prohibición de administrar los sacramentos) que Karol Wojtyla le impuso en 1984. En una entrevista el mismo Cardenal había reconocido: “Me siento identificado con este nuevo Papa. Es mejor de como podríamos haberlo soñado”.

Tras conocerse el fallecimiento del poeta, el Gobierno de Ortega ha decretado tres días de duelo nacional, en una nota con el inconfundible estilo de su esposa y vicepresidenta Murillo, que mezcla un discurso místico religioso. En el decreto agradece a Dios por la vida Cardenal, contra quien mantenía un odio enconado. Lo llama «hermano», así como «gloria y orgullo» y afirma «admirarlo profundamente». El documento oficial comete una falta grave, al afirmar que el poeta era Premio Cervantes. En realidad, Ernesto Cardenal recibió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2012.

Nicaragua pierde a uno de sus escritores más queridos, el hombre que logró ser un profeta en su tierra y que deja una larga producción literaria que en este país de catástrofes y desmanes de sus políticos es repetida como plegaria, como el canto de una nación presa de sus propios errores, pero ansiosa de romper con su historia de opresión.

Ernesto Cardenal en Rancagua y Sewell

Fue a fines de Octubre y principios de Noviembre del año 2006 cuando el vate visitó Chile y de manera muy especial la ciudad de Rancagua, donde participó entre otras importantes actividades de la romería a la tumba de nuestro poeta Oscar Castro y posteriormente visitó la ciudadela de Sewell. Nuestro Director Cristián Ibarra recuerda aquella visita en una columna del 2 de Noviembre de 2006 que recordamos a continuación.

Ernesto Cardenal: un personaje del mundo entre nosotros

En Octubre de 1977 un arrebato de cólera y venganza recorrió el Palacio Presidencial de Managua. El ególatra y omnipresente “Tachito” Somoza, hacía desaparecer la comunidad de Solentiname. Informaciones de su guardia señalaban que un grupo de jóvenes residentes en la isla – al interior del Lago de Managua – habrían actuado como guerrilleros asaltando el Cuartel San Carlos, próximo a aquél sitio. Solentiname era un lugar donde se fomentaba el desarrollo de cooperativas, se creó una escuela de pintura primitiva, un movimiento poético entre los campesinos, y lo más importante de todo, el trabajo de concientización a base del Evangelio interpretado revolucionariamente.

Cristián Ibarra Ibáñez, Director de Diario El Pulso, junto al vate nicaragüense en el recinto del Bowling en Sewell, Noviembre de 2006.

Solentiname fue una de las apuestas más preciadas de un cura llamado Ernesto Cardenal, quien años antes sin ser aún sacerdote, declarábase revolucionario y sandinista participando en la Rebelión de Abril de 1954; el más serio intento por derrocar el régimen del padre del sátrapa, Anastasio Somoza García. La historia señala por lo general que las dictaduras, si no son vitalicias, suelen ser generacionales. Así lo continuaría experimentando el sacerdote trapense, al ser testigo vivencial de cómo su Nicaragua, un país de poco más de 3 millones de habitantes en la década del 70, desangraba sobre sus calles y campos la vida de más de 50 mil compatriotas.

Lo demás ya es historia sabida y forma parte del ideario romántico de todas las revoluciones, que como la sandinista – con Daniel Ortega a la cabeza – hizo pecar de demasiada candidez e idealismo a una generación de jóvenes, sobre todo estudiantes y campesinos, que con el correr del tiempo se dieron cuenta de cómo la corrupción oxidaba los más fundamentales principios de su lucha y sus sueños. Lo mismo ocurrió con el poeta, con el revolucionario, con el sacerdote y con el ministro, todas investiduras de una misma persona, todas credenciales de Ernesto Cardenal Martínez.

Así como en 1956 escribía su legendario poema político Hora Cero, el mismo momento y hora comenzaba a experimentar en soledad. Todo el mundo recuerda aquél dramático e histórico episodio en 1983, cuando el Papa Juan Pablo II visitaba el país en medio del experimento de la revolución y del FSLN como expresión política y Cardenal era reprendido en la losa del aeropuerto por su máximo confesor en la tierra. Incomprensión, enemistad, confrontación con la iglesia le costó en ese momento la contradicción de ser un sacerdote católico y miembro de un gobierno marxista, tremenda factura además de una iglesia – en aquel momento fuertemente conservadora – contra quien años antes fuera uno de los ideólogos de la Teología de la Liberación.

Ernesto Cardenal junto a otros colegas de prensa a la salida del Edificio de la Intendencia Regional de O’Higgins, Noviembre de 2006.

Este ha sido el hombre, el personaje que esta semana nos visitó y que en Rancagua y entre sus autoridades no pasó de ser más que nada un dato anecdótico. Algunos incluso impávidos preguntaban: Ernesto Cardenal, quién es?. Duda que ronda en aquellos que no se les puede pedir mayor educación y cultura porque no la tienen. Sin embargo en los campos de Colchagua y entre los niños de la escuelita rural más apartada de Lolol supieron de esta visita, y la aprovecharon al máximo, un regalo entre nosotros gracias al tesón y tozudez de una mujer, Ligia Uribe, Presidenta de la SECh de Rancagua. Podremos discrepar de los anticuerpos que en lo político, en lo social e incluso en lo literario nos pueda provocar la figura de este hombre, de 80 años, de aspecto un tanto desgarbado y despreocupado, pero con una agudeza y lucidez mental que ya se quisiera cualquiera de quienes dirigen los destinos de la región detrás de un mullido sillón de escritorio.

Ernesto Cardenal nos lega en sus escritos una fe profunda en el hombre y en Dios, como asimismo el deber de asumir la responsabilidad de enfrentar la opresión con valentía y coraje, tal cual lo hicimos siendo jóvenes tiempo atrás y repartimos impreso en mimeógrafo sus epigramas contra la dictadura en los baños y en el patio del liceo. En Sewell, Patrimonio de la Humanidad, vi al padre, al místico y al asceta respirar hondo, aún picando en algo la garganta por el humo de Caletones: “en este lugar estuvo Neruda, Fidel, tantas vidas”… – dijo – cerrando los rugosos ojos y reflexionando si el tiempo le permitiría volver.

Cristián Ibarra Ibáñez