Los riesgos de vender fármacos como si fueran confites

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Escribe Dr. Jean Gajardo, Director Centro de Salud Pública, Universidad Central.

La venta y administración de los fármacos es diferentes según cada realidad país. Hay distintos modelos de acceso a ellos, alguno de estos con modelos más liberales y otros más conservadores en el grado de acceso directo, como por ejemplo en España y Francia. Chile también podría clasificarse en este grupo. Precisamente hace algunas semanas comenzó a discutirse la posibilidad de la compra libre de medicamentos que no requieren prescripción médica.

Pero sería un error definir modelos de acceso a medicamentos a partir únicamente de su potencial comercial. Los medicamentos son tecnologías que implican riesgos y que requieren monitoreo y educación para un uso adecuado y efectos esperados.

En Chile la educación respecto del consumo responsable de fármacos terapéutico es muy limitada. Es esperable la aprehensión que los tomadores de decisiones puedan tener respecto de dinamizar o liberar su acceso, más aún si se pone énfasis en su interés comercial por sobre sus implicancias como agente de salud pública.

La evidencia sobre acceso libre a medicamentos y su impacto en intentos suicida de adolescentes, es innegable. Por esto, el tema debe abordarse desde todas las aristas, en especial relevando las implicancias que una u otra definición tendrá para posibles resultados en la salud de las personas. Estamos hablando de fármacos, no de confites.

De igual modo, es relevante observar modalidades anexas que en un marco de mayor liberación del acceso pueden favorecer restricciones específicas. Por ejemplo, existen lugares en que los fármacos en góndola puedan ser vendidos en una cantidad máxima o sólo autorizar venta a mayores de edad, u otras medidas que ayuden a monitorear y dar mayor control.

Sabemos que ya existe un mercado informal de acceso a medicamentos, incluso de los que requieren prescripción médica. En este punto hay una crisis global, muy influenciada por las redes sociales y una percepción de la población que tiende a invalidar y desconfiar del conocimiento científico.

Hoy estamos en una crisis de administración de antibióticos, por su alto consumo y su pérdida de efectividad en los tratamientos, que es responsabilidad de los propios consumidores, pero también del sistema de salud, al no ser capaz de transmitir de forma efectiva conocimiento que cambien conductas y creencias, por eso debemos discutir las políticas en salud basándonos en sus implicancias para la salud de la población, por sobre cualquier otra arista.