¿Y si siempre van de obreros?

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Escribe Manuel Polgatiz, Periodista y Comentarista Deportivo.

A veces la vida y sus laberintos van marcando tu rumbo. En ocasiones te guían por la ruta correcta y en otras, cuando todo se hace fácil, olvidas el rigor, la constancia y el sudor.

Cuando te apartas de tu esencia, que lo atilda el trabajo y la humildad, por lo general decaes en tu rendimiento y expones la desilusión ante quienes más te aprecian. En el estadio El Teniente, O’Higgins recuperó esa pizca de generosidad y esfuerzo. Salió a la cancha para medirse ante un equipo que lo triplica en presupuesto y entre su horizonte, siempre está la obtención de todo torneo o competencia que se le cruce por delante.

La consigna previa, era no perder y si lo hacía, que fuera con dignidad deportiva y no de forma vergonzosa como frente a Antofagasta. Fue así como en medio de ese clima de pesimismo (totalmente justificado), la hinchada apreció un partido de poco ritmo pero de alto interés, principalmente por el morbo que generan las cabezas técnicas de ambas escuadras.

El partido siempre transitó por el control total de los «Celestes», incluso creo con convicción que nunca estuvo en peligro el triunfo local, que logró detener los avances cansinos de los laterales «Albos». Metió en su propio terreno a los volantes de contención visitantes, que jamás pudieron dar en la tecla para impedir el paso de Doffo (en su mejor partido desde que llegó) y Fernández.

O’Higgins se vio bien plantado en el campo de juego, con personalidad y temple, muy distante a aquel once famélico y sin respuesta de fechas pretéritas. La inyección de experiencia y sabiduría en la última línea (Cereceda, Cahais, Magalhaes, Acevedo) proyectó confianza hacia adelante y los demás compañeros se contagiaron con esa voluntad de vulnerar un destino que se veía perdido en un túnel sin salida, como lo describe el escritor Ernesto Sábato, en una de sus obras más relevantes.

Apareció esa otra faceta que exige este deporte y la vida en general; el espíritu de superación. Dicen los expertos que en la elite de la actividad física, lo único que diferencia a un gran equipo y otro, es la mentalidad con que se enfrentan los problemas y la pronta resolución de los mismos.

En ese ese escenario, los rancagüinos aprovecharon las falencias de Colo Colo, conminaron a los defensas para siempre recibir el balón sobre la espalda y correr en dirección hacia su propia valla, hechos que terminaron, incluso, haciendo insulsos los últimos minutos, agravados por la expulsión ordinaria de Jorge Valdivia.

El corolario de una jornada alegre y feliz, es una moraleja clara y precisa: si O’Higgins se viste de obrero, no pierde la corona ni se ensucia sus finos ropajes. Estos tres puntos, poseen el mismo valor numérico de los ya olvidados en El Salvador, por tanto, el llamado y súplica es para que los profesionales de esta disciplina se motiven durante todo el campeonato y no sólo para los cotejos de alta convocatoria.

De nada servirá que el año 2019, los libros de historia digan que en Rancagua cayeron los tres equipos capitalinos de mayor poderío económico, si al final de la carrera los «Celestes» no se meten en el concierto internacional.