Justo premio para un rudo con cara de niño

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Escribe Manuel Polgatiz, Periodista y Comentarista Deportivo.

La partida de Juan Fuentes a Estudiantes de la Plata ha sido un golpe duro para O’Higgins y no solo se trata de una pérdida grande en lo futbolístico, sino también, para el camarín y alma del sufrido hincha celeste, que veía en él un referente de empuje, fuerza y amor incondicional a la camiseta.

Ya se observó ante Everton que comienza a hacer falta, es más, siento que en su ausencia jugó uno de sus mejores partidos. Los groseros errores en el centro de la zaga, que se unieron a la temprana lesión de Acevedo y la nefasta presentación de Contreras, se conjugaron para que Fuentes desde las gélidas gradas, sufriera la enésima eliminación en Copa Chile.

Sin embargo, alguien podría oponerse al desarrollo profesional de «Iron Man», como lo bautizaron sus fanáticos?, salvo el vil dinero que siempre está presente, nadie creo con sinceridad estaría en condiciones de obstaculizar su ascendente carrera, que ahora deberá defender con dientes y uñas en Argentina.

Muchos quizás dirán que Fuentes no era el capo del equipo, tampoco el más dotado técnicamente y mucho menos el goleador rancagüino. Pero el fútbol no solo se compone de hombre virtuosos que cada fin de semana brindan una o dos rabonas para el público. También existen en este deporte, esos jugadores que le ganan a la vida y triunfan desde los arrabales. Que nacen en canchas de tierras y se hacen fuerte en los partidos de población, donde triunfa el más guapo y el que no se deja avasallar por las palabrotas ni el cuchillo fuera del estadio.

Juan Fuentes se metió en el corazón de O’Higgins por su sacrificio, tesón y humildad, conceptos que logró extrapolar a la galería. Allí en el seno de la hinchada, también existen hombres y mujeres que con esfuerzo siguen a una institución que no siempre devuelve con hechos concretos ese cariño inmortal.

Su transferencia a los «Pincharratas», no es más que un justo premio al «Rudo con Cara Niño», que jamás se amilanó frente a un oponente y siempre tuvo un gesto de aprecio a todo niño que se acercó para inmortalizar el momento. El defensa es buena gente y este paso es un peldaño más en su trayectoria. Creo con convicción que los argentinos valorarán más que los propios chilenos su entrega y despliegue incansable (nunca fue nominado, ni siquiera a un microciclo de la selección chilena).

Su legado es para los jóvenes que vienen más abajo y que aún no logran responder en cancha. Las batallas son día a día, de sol a sol. No importa si tienes el auto del año ni le pegas con hermosura al balón. Tal como en la vida misma, el fútbol es pasión, rigor, disciplina y constancia, solo así el hasta el menos dúctil tiene recompensa.

Éxito Juan, la travesía es tuya y te la ganaste con el sudor de tu amada casaquilla celeste.