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RANCAGUA, O'HIGGINS - CHILE
CREADO EL 6 DE OCTUBRE DE 2006
AÑO 11 - EDICIÓN N°3.560
La rebelión de las regiones
28.Feb.2012
Escribe Cristián Ibarra Ibáñez, Director Diario El Pulso.cl

 

 

Escribe Cristián Ibarra Ibáñez, Director Diario El Pulso.cl .- Dentro de las cualidades que por años han caracterizado la idiosincracia del chileno se pueden distinguir la resignación y la paciencia. Sin embargo, ellas tienen un límite, como todas las cosas en la vida y que cada cierto ciclo cronológico, la gente cansada de las promesas y los compromisos no asumidos por su clase dirigente se rebela en contra de ellas y comienza a manifestarse. 

La historia reciente de Chile lo recuerda en ese sentido. Le sucedió al segundo gobierno del “León” Alessandri, a los tres gobiernos radicales; también a gobiernos populistas como el segundo de Ibáñez y al de una seudoderecha que gobernaba en las sombras con don Jorge, “el Paleta”. Le sucedió a Frei Montalva con una juventud rebelde al interior de su propio partido que pedía cambios más radicales, y para qué hablar lo que le sucedió a Allende, donde la confabulación de la derecha organizada junto a la colaboración norteamericana contribuyó a capitalizar los propios desaciertos del gobierno socialista en forma dramática y fatal. 

La efervescencia social de aquellos años se enmarca en una cronología claramente marcada, entre 25 a 30 años. Lo que ocurrió posteriormente durante la dictadura militar reduce el tiempo en que la gente, el pueblo, los gobernados comienza a agotar su paciencia. Claro, está el hecho de lo que es capaz de infundir el miedo, el odio, la persecución, los problemas económicos y la propia corruptela que corría los cimientos del régimen. 17 años duró aquella negra noche. 

Luego los sueños de la gente junto a sus aspiraciones revivían con el retorno a la democracia junto a lemas como “la alegría ya viene”, “Gana la Gente”, “Para los nuevos tiempos”, ·”Crecer con igualdad” y “Estoy contigo”. Si bien el país avanzó a pasos agigantados durante el período, el crecimiento económico y el éxito político de la Concertación se vio opacado por hechos de corrupción, deslealtades al interior de los partidos gobernantes y alejamiento en poder sintonizar con los reales problemas de la gente. Se cumplía un nuevo ciclo, esta vez de 20 años. Con ello también culminaba la transición al elegir la ciudadanía el primer gobierno de derecha en 50 años. 

No obstante, el descontento de la gente venía incubándose desde hacía tiempo. El acceso a las nuevas tecnologías, el mayor manejo de la información, la concientización de sus derechos como ciudadanos, contribuyentes y consumidores y por cierto; acompañado todo ello de los avatares contemporáneos de la globalización, en que todo se ve, se escucha y se sabe en tiempo real, vino a explotarle en la cara a un gobierno como el de Sebastián Piñera, que más allá de ser su gobierno o el de la “nueva derecha”, le tocó desafortunadamente el turno de estar allí, asumiendo además el desastre de lo que fue el terremoto del 27 de Febrero de 2010 y en donde aún nos encontramos en plena fase de reconstrucción. 

Es cierto, el país se encontraba en otra etapa durante los primeros meses de gobierno, incluso hasta después del rescate de los 33 mineros de Atacama en que no sólo los chilenos, sino que los ciudadanos del mundo vivieron con el corazón en la mano, solidarizando con el esfuerzo de rescatarlos sanos y salvos. 

Pero el gobierno se quedó, allí. Se quedó pasmado al parecer en la gesta subliminal y heroica, no pudiendo leer ni asumir a tiempo las señales que a partir de la crisis del gas en Magallanes se dio a inicios del 2011. Las movilizaciones en contra de la construcción de represas en la Patagonia chilena; el conflicto ancestral y permanente con el pueblo mapuche y qué decir de las históricas y mediáticas movilizaciones estudiantiles.

En fin, lo único que al parecer ha podido hacer el gobierno durante este tiempo ha sido administrar crisis y desgracias, no pudiendo fijar su propia agenda, o quizá ha intentado hacerlo pero tal vez esa propia “inexperiencia” de manejar la administración pública le ha hecho trastabillar por sus propias zancadillas y marcar sus propios autogoles con una defensa ministerial y dirigente que prometía un “gobierno de excelencia”. 

Y es que el pecado quizá no sea de este gobierno ni de los anteriores…, o tal vez sí. Sí, porque los políticos en general son ellos al fin y al cabo los que administran un Estado viejo y anquilosado, centralista y presidencial hasta los huesos en donde hasta para instalar un semáforo en regiones hay que esperar la decisión que se tome en Santiago. 

El centralismo es lo que está matando a la administración pública. Y cuando partidos de oposición junto al del presidente deciden presentar una alternativa audaz e innovadora para reformar la burocracia estatal, uno de los socios que gobierna se opone, la ciudadanía o el contribuyente no entiende nada, por eso es que se molesta y reclama. 

Todas las demandas hechas hasta ahora vienen sumándose en el tiempo y han estallado en esta verdadera olla de presión social. Los estudiantes, el pueblo mapuche, la rebelión de las regiones extremas son el resultado de no haber tenido a tiempo respuesta clara y concreta a sus históricas demandas. 

Para el caso de las zonas extremas del sur, no existe una política que sea esencialmente político-estratégica en cuanto a dar mayores posibilidades y facilidades a aquellos chilenos que con su presencia marcan soberanía a favor de la patria. No piden privilegios ni prebendas, sino un trato digno por las duras condiciones de vida en que ejercen justamente esa soberanía, de la que tanto el Estado se vanagloria y que a la hora de los quiubos reprime con verdaderas fuerzas invasoras en una tierra que ni siquiera conocen y que de una manera ejemplar y sin precedentes, fueron expulsadas el último fin de semana desde Aysén. 

Será acaso la solución avanzar hacia una especie de federalismo unitario?, en que las regiones puedan elegir a sus representantes, partiendo por los intendentes, manejando sus propios presupuestos pero por sobre todo con una mayor participación de la riqueza que se extrae de sus tierras?.

Estará dispuesto el Estado chileno y sus dirigentes a darles mayor autonomía a las regiones en cuanto a solucionar, emprender o rechazar problemas o proyectos de inversión que les afecten directamente? 

Ante ello la discusión que ha sido eterna y que nació en los albores de la República pareciera ser que ahora recién comienza, ahora sí quizá, en esta que ha sido la rebelión de las regiones.

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