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RANCAGUA, O'HIGGINS - CHILE
CREADO EL 6 DE OCTUBRE DE 2006
AÑO 11 - EDICIÓN N°3.560
La derrota de la oligarquía de centro izquierda 
07.Ene.2018

Escribe Juan Pablo Pezo Dalmazzo.

La oligarquía de la centro izquierda chilena, me hace pensar en la famosa ley del hierro de Robert Michels [ R. Michels, Sociología de los Partidos Políticos, 1911]. La obra de éste sociólogo ítalo-alemán es un clásico de la sociología política y fue uno de los primeros en denunciar  el fenómeno partidista, es decir,  las relaciones de poder que emergen al interior de las organizaciones políticas. Concretamente, demuestra  la presencia de rasgos oligárquicos en cualquier organización humana.

 

La victoria de Piñera el 17 de diciembre pasado nos dejó anestesiados. Personalmente, me oponía rotundamente la llegada a la Moneda de  un actor político con tan desprestigiado prontuario. Fue así, como en los días posteriores a la debacle de la Nueva Mayoría, me sumergí en una reflexión y un análisis profundo para tratar de comprender a una ciudadanía que prefirió sacrificar sus derechos sociales para darle prioridad al trabajo, a un sistema socio económico que lo dicta el mercado y no el Estado. Sin embargo, el giro a la derecha del electorado en segunda vuelta se podría explicar por los enormes errores de la centro izquierda durante todo su gobierno.

Primero, fue una coalición que demostró con hechos no ser muy distinta a la de Chile vamos —Corrupción, nepotismo, intereses propios, apoderarse del Estado y de la política para vivir de las prebendas de éste— La diferencia es que  la Derecha, no necesita del Estado ni del Congreso, para vivir ni para tener una influencia política, tienen o están conectado directamente con el —Poder económico y los medios de comunicación—.

Segundo, fue una coalición sin convicción ni unidad. El proyecto con el cual Bachelet llegó a la Presidencia  fue cambiando gradualmente a medida que avanzaba su gobierno. La  cocina de la reforma tributaria por parte del ex Senador Andrés Zaldívar,  fue el ejemplo más simbólico que las promesas de campaña  fueron netamente publicitarias y no con la convicción de  reformas  necesarias para financiar la  gratuidad de la educación de miles de jóvenes. Posteriormente, nombró a Jorge Burgos como Ministro del interior, quien desde el cargo más importante del gabinete se dedicó a serruchar las reformas y a contradecir el proyecto Bacheletista. Paralelamente, la Democracia Cristiana fue una piedra en el zapato para el Gobierno, especialmente aquellos que tienen intereses en la educación como accionistas de universidades o dueños de  colegios subvencionados.

Tercero, el relato de Michelle Bachelet por más equidad, igualar la cancha se fue cayendo por su error de nombrar a su hijo como Director del Área Sociocultural,  sin importarle que éste no tuviera una auténtica vocación de servicio público. Luego, todos conocemos el desenlace final con el préstamo del Banco Chile— Tráfico de influencias— que fue bien aprovechado por la Derecha y mantuvo por mucho tiempo  a la presidenta  en un gran letargo en su liderazgo político.

Cuarto, la traición es más odiada cuando viene desde aquellos en quien confiamos. En la  actual centro izquierda chilena hay — Impostores y corruptos — también se coludieron con el dinero, muchos políticos de la Nueva Mayoría fueron financiados por la pesqueras para aprobar la tan famosa ley Longueira y por SOQUIMICH.

Quinto, en éste punto profundizaré el déficit democrático  de la Nueva Mayoría, que  fue evidente cuando eligieron en cuatro paredes a Guillier como candidato, sin pasar por las primarias. Fueron los jefes o los dinosaurios del partido socialista quienes eligieron unilateralmente a un mal candidato basado en las encuestas y no escuchando a sus militantes.

La oligarquía de la centro izquierda chilena, me recuerda  la famosa ley del hierro de Robert Michels [ R. Michels, Sociología de los Partidos Políticos, 1911]. La obra de éste sociólogo ítalo-alemán es un clásico de la sociología política y fue uno de los primeros en denunciar el fenómeno partidista, es decir, el  análisis de las relaciones de poder que emergen al interior de las organizaciones políticas.Concretamente, Robert Michels demuestra  la presencia de rasgos oligárquicos  en cualquier organización humana.

Así, la existencia de líderes es un rasgo inherente a todas las formas de vida social. Sin embargo, Michels preconiza que cualquier sistema de jefes es incompatible con los postulados fundamentales de la democracia—. En la Centro izquierda y la Derecha chilena hay jefes—Inicialmente surgen de forma espontánea, y realizan sus funciones como jefes de forma accesoria y gratuita convirtiéndose con el tiempo en jefes profesionales. Después, éstos se convierten en líderes estables e inamovibles. Según el autor, el fenómeno de la oligarquía es una transformación psicológica que sufren los líderes durante su vida. Por lo tanto, considera que los partidos políticos son organizaciones de las cuales nace la dominación de los elegidos sobre los votantes, los mandatos sobre los mandatados, los delegados sobre quienes los delega. —Quien dice organización, dice oligarquía—.

Para verificar  la dominación de los líderes dentro de los partidos políticos, el autor se basa en muchos ejemplos europeos para apoyar su punto. El establecimiento de una burocracia, el control de la prensa partidista o incluso la lucha de poder al interior de los propios partidos, la distancia gradual entre el líder y las masas que él representa.

Michels, se basa en un análisis sociológico de las direcciones de los partidos revolucionarios. Define los ideales típicos de los líderes en relación con sus orígenes sociales. El líder de la burguesía renuncia a su membresía de clase para participar en una lucha revolucionaria. Los líderes de origen burgués a menudo se imponen dentro del liderazgo de los partidos y fortalecen un poco más la oligarquía dentro de la organización. Por otro lado, la actividad militante también puede ser un factor de ascensión para los miembros de origen proletario. Los más activos o los más competentes son capaces de obtener un lugar dentro del aparato burocrático del partido. Estas trayectorias destacan las tendencias oligárquicas y confirman el desmantelamiento progresivo del ideal democrático.

El autor presenta las medidas preventivas que posiblemente pueden mitigar la oligarquización de los partidos. Por ejemplo, el establecimiento de  referéndums, primarias internas  y el llamado a la renuncia moral de los viejos  líderes. El análisis del autor va más allá del marco de los  partidos políticos; lo extiende igualmente a las cooperativas y asambleas populares.Finalmente, Michels concluye que  la naturaleza conservadora de los partidos políticos y formula su famosa “ley de hierro de la oligarquía” como la marca genética de cualquier organización.

Entonces, denuncia que es difícil tener una democracia real fuera de las instituciones partidistas si éstas no son realmente democráticas. Su investigación revela las tendencias oligárquicas dentro de los partidos políticos que defienden y reivindican las estructuras de la democracia representativa. El autor denuncia las prácticas oligárquicas de los líderes de los partidos, muestra la distancia entre los ciudadanos comunes y estos líderes han profesionalizado la actividad política en los partidos para conquistar el poder político.

En la última parte de su obra, Michels, concluye que cualquier organización partidista representa un poder oligárquico con un discurso democrático. Mientras los candidatos sean elegidos, se encontrará con un poder casi ilimitado sobre las masas que lo elijen. Cualquier organización oligárquica es incompatible y ahoga el principio democrático fundamental. Estas conclusiones se extraen de su experiencia como activista en el Partido Socialista Alemán, y luego, por su trabajo de investigación en esta organización frente a los partidos socialistas en Italia y Francia. El autor  critica particularmente al PS alemán, acusándolo de propugnar la idea de la representación de los intereses de la gente, pero que en verdad, es solo una ilusión—El proyecto de la Nueva Mayoría fue también una ilusión—.

La derecha supo leer y aprovechar todos los errores del oficialismo, además,  orquestó desde el comienzo de la era bacheletista un bloqueo organizado basado en un relato que se fue profundizando e incluso con estereotipos sobre la contextura corporal de la presidenta “La gorda”… Simplemente - porque se les quitó el negocio de la educación, porque se les subieron los impuestos, porque se quiere una nueva Constitución democrática que garantice los derechos de todos y no los de unos pocos, etc.

Fue así,  como en las recientes  elecciones, fue  la  Nueva Mayoría quien sufrió la rabia de la ciudadana. Sin embargo, los ganadores no deberían estar muy tranquilos — la abstención fue la gran ganadora, el 70 % del padrón electoral no votó por Piñera— tendrán una férrea oposición en el Congreso y  movilización social si  gobiernan como la vez anterior. De igual modo, considerar,  que la arena política Chilena ya no existen dos fuerzas políticas como antes, ahora  con el Frente Amplio son tres.  Y además, Chile Vamos, es sin duda una coalición mucho más—Oligarquica, corrupta y antidemocrática que la ex-Concertacionista—. La diferencia que ésta asume frontalmente sus rasgos,no tienen vergüenza en asumir  que  son —Conservadores, ultra-neoliberales y autoritarios—.

En fin, veremos si aprendieron de su ex gobierno, o en las elecciones del 2021 correrán con la misma suerte de la Nueva Mayoría y los vientos de la savia nueva ayudan al Frente Amplio a derrotar a la derecha, si éste no encarna las malas prácticas de la vieja política.   

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