Isidora Sierralta y María Ignacia Pinilla participaron en una revisión científica que analiza la evidencia disponible sobre patrones alimentarios, micronutrientes y vulnerabilidad metabólica en la enfermedad de Alzheimer.
Lo que comenzó como una inquietud durante los primeros años cursando la carrera de Medicina terminó convirtiéndose en una experiencia de investigación que ha acompañado buena parte de la formación universitaria de Isidora Sierralta y María Ignacia Pinilla, estudiantes de la Universidad de O’Higgins (UOH). Años de búsqueda bibliográfica, escritura y correcciones dieron forma a un trabajo que hoy forma parte de una publicación científica internacional dedicada a analizar la relación entre nutrición y enfermedad de Alzheimer.
Las estudiantes son parte del equipo autor del artículo “Dietary Patterns, Micronutrient Adequacy, and Metabolic Vulnerability in Alzheimer’s Disease: A Critical Narrative Review”, publicado en la revista científica Nutrients. El trabajo fue desarrollado junto a Evrim Servili, Paulina Ormazabal, Marianela Bastías-Pérez, Pedro Cisternas y Nibaldo Inestrosa.
La revisión analiza la evidencia científica disponible sobre patrones alimentarios, adecuación de micronutrientes y diferentes condiciones metabólicas relacionadas con la salud cerebral y la enfermedad de Alzheimer. Uno de sus principales aportes es establecer los alcances y también los límites de lo que actualmente se conoce sobre el papel de la alimentación.
“Ninguna dieta constituye por sí sola un tratamiento ni modifica directamente la enfermedad. Sin embargo, una alimentación adecuada puede favorecer la salud metabólica, vascular y cerebral. Por eso, la nutrición debe formar parte de una estrategia integral que también incluya actividad física, buen sueño y control de factores como la diabetes, la hipertensión y el colesterol”, explica Isidora Sierralta.
Entre los patrones alimentarios estudiados, las dietas Mediterránea y MIND son las que cuentan con mayor respaldo, principalmente a partir de estudios observacionales que las relacionan con un menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Sin embargo, los ensayos clínicos todavía no permiten afirmar que estos patrones prevengan el Alzheimer.
El análisis también considera micronutrientes como las vitaminas B12, B6 y D y el folato, además de factores como la resistencia a la insulina, la inflamación y el estrés oxidativo. En este punto, el trabajo plantea que estos últimos pueden funcionar como un vínculo entre alimentación y salud cerebral, aunque todavía no se ha establecido completamente una relación causal directa con la enfermedad.
Por ello, las autoras llaman a ser cautelosos al hablar de prevención. “Es más correcto referirse a reducción de factores de riesgo y promoción de la salud cerebral que asegurar que una dieta previene el Alzheimer. Ningún alimento, suplemento o patrón alimentario ha demostrado por sí solo prevenir la enfermedad o detener su progresión”, sostiene María Ignacia Pinilla.
Una inquietud que nació en Medicina
La participación de Isidora y María Ignacia en investigación comenzó mucho antes de llegar a las etapas finales de su carrera. Ambas sitúan el punto de partida durante el tercer semestre de Medicina, cuando una asignatura les permitió conocer diferentes líneas desarrolladas por académicas y académicos.
“En nuestro tercer semestre de Medicina tuvimos el ramo curricular de investigación, donde diversos académicos fueron invitados a presentar sus investigaciones en las cuales estaban trabajando. Dentro de ellos estaba el Dr. Pedro Cisternas; su presentación sobre el Alzheimer nos deslumbró a las dos y despertó en nosotras la curiosidad e interés”, recuerda Isidora.
Lo particular es que ese interés apareció en ambas de manera independiente. En ese momento todavía eran compañeras de generación y no imaginaban que terminarían desarrollando juntas un trabajo científico durante varios años.
“Ambas, por separado, ya que en ese entonces éramos solo compañeras de generación, nos acercamos a hablar con él, quien nos abrió la oportunidad de trabajar en su investigación y luego nos impulsó a crear nuestra propia línea investigativa”, apunta María Ignacia.
A partir de ahí comenzó un proceso que las llevó a vincular dos ámbitos que despertaban su interés: Alzheimer y nutrición. La construcción del artículo implicó revisar literatura científica desde diferentes perspectivas, analizar deficiencias nutricionales, patrones alimentarios y dietas, para posteriormente encontrar conexiones entre la evidencia disponible.
“Nos encargamos de crear un tema el cual nos interesaba, empezamos a unir términos, conceptos y líneas investigativas sobre el Alzheimer y la nutrición, el cual fue nuestro macro concepto desde un inicio. Buscamos muchas bibliografías ya existentes desde distintos ángulos; deficiencias, patrones, dietas de ‘moda’, entre otros. Una vez decididas, comenzamos a escribir, todo y desde cero”, relatan.
El proceso estuvo lejos de ser lineal. A medida que avanzaban, debieron volver sobre la literatura, incorporar observaciones y corregir el manuscrito con el acompañamiento del equipo.
“Fue una constante prueba y error ya que éramos estudiantes de Medicina ‘pequeñas’, recién creciendo en su formación. Es entonces que la búsqueda de bibliografías y aprendizajes continuaba infinitamente; avanzar y retroceder, siempre guiadas por nuestro equipo”, señala Isidora Sierralta.
Durante ese recorrido también comenzaron a acercarse a otros espacios de investigación. En octubre de 2023 tuvieron la oportunidad de presentar en formato póster una línea investigativa de Pedro Cisternas en un congreso de investigación, mientras el manuscrito continuaba evolucionando hasta alcanzar su versión final.
De compañeras a investigadoras y amigas
El trabajo conjunto no solo tuvo consecuencias en su formación científica. Isidora y María Ignacia destacan que los años dedicados al artículo también fortalecieron una relación que inicialmente se limitaba a compartir una misma generación de Medicina.
“El trabajo juntas, en coordinación y conociéndonos, fue fundamental y embelleció el largo recorrido”, aseguran al recordar el proceso.
Actualmente, ambas se encuentran transitando una de las últimas etapas de su formación médica y la experiencia que comenzó en una sala de clases continúa acompañándolas.
“No solo ganamos muchas experiencias enriquecedoras y aprendizajes académicos, sino que ahora somos roomies y mejores amigas, juntas vamos recorriendo los últimos y más importantes pasos de nuestra formación médica; el internado”, cuentan.
Por eso, recibir la noticia sobre el destino del trabajo significó mucho más que alcanzar un hito académico. “Es una experiencia surreal, siendo sinceras, aún estamos en shock con la noticia, hemos recibido mucho cariño y felicitaciones por parte de nuestros seres queridos, amigos y nuestros docentes. Se siente gratificante ver que años de escritura, correcciones e infinita lectura dieron su fruto, nos enchina el corazón”, expresan.
Las estudiantes reconocen que durante el proceso confiaron en que el trabajo podría alcanzar buenos resultados, pero que la posibilidad de llegar a una publicación científica internacional parecía distante.
“Siempre confiamos en que algo lograríamos, con los docentes que nos guiaban y lo determinadas que somos, pero nunca imaginamos. Ni siquiera soñábamos en alcanzar una revista de tal magnitud y relevancia”, agregan.
Sin dietas ni suplementos milagrosos
Más allá de la experiencia académica, Isidora y María Ignacia esperan que la investigación también contribuya a comunicar de manera responsable un tema que suele estar acompañado de recomendaciones y afirmaciones que no necesariamente cuentan con suficiente respaldo científico.
La revisión concluye que no existe una “dieta contra el Alzheimer”. En personas sanas o con riesgo cardiometabólico, patrones como las dietas Mediterránea y MIND pueden constituir modelos de alimentación saludable. En personas con deterioro cognitivo, en tanto, las necesidades cambian y resulta relevante evaluar aspectos como peso, ingesta, hidratación y posibles deficiencias nutricionales.
“El mensaje central es que no existen alimentos ni suplementos milagrosos contra el Alzheimer. Lo más importante es mantener durante años una alimentación variada, equilibrada y basada principalmente en alimentos poco procesados, junto con el cuidado de la salud cardiovascular y metabólica”, explica María Ignacia.
Para ambas, llegar a esta etapa también es una oportunidad para reconocer a quienes las acompañaron desde que, siendo estudiantes de los primeros semestres de Medicina, decidieron acercarse por curiosidad a una línea de investigación sobre Alzheimer. “La gratitud es lo que más identificamos, a nuestros docentes por la guía, apoyo y confianza, a la Universidad por potenciar el área investigativa, a nuestras familias y seres queridos por entregarnos el apoyo y cariño que se necesita para este tipo de logros. Pero por sobre todo a nosotras mismas, por nuestro esfuerzo y ‘el poder de la amistad’ que surgió gracias a nuestra curiosidad”, concluye Isidora.






