La susceptibilidad al “cracking” no se origina únicamente durante el momento mismo de las precipitaciones. Aspectos como el estado de desarrollo, la variedad, el crecimiento del fruto y las características de su cutícula son determinantes al momento de resistir el daño por el agua. El especialista de INIA Quilamapu Cristian Balbontín explica los principales factores que favorecen este problema y las medidas para reducirlo.
La partidura es uno de los problemas que más puede afectar el valor comercial de las cerezas cuando se registran precipitaciones durante las etapas de desarrollo. Sin embargo, para el especialista en fitotecnia de frutales de INIA Quilamapu, Cristian Balbontín, atribuir esta situación exclusivamente a la lluvia es simplificar un proceso en el que intervienen distintos factores, como la variedad, el estado de desarrollo, la velocidad de crecimiento del fruto y las características de su piel y cutícula (capa protectora cerosa que cubre la superficie de la piel del fruto).
“El riesgo se determina antes de que ocurra la precipitación”, señaló el investigador. Indicó que la cutícula, formada principalmente por cutina y ceras, constituye una barrera que regula el intercambio de agua entre el fruto y el ambiente. Sin embargo, durante el crecimiento pueden generarse microfisuras que, posteriormente, facilitarán el ingreso de agua.
Anticiparse es clave
El investigador de INIA Quilamapu sostuvo que las medidas de control no debieran concentrarse exclusivamente en los días previos a una lluvia, sino que durante el desarrollo del fruto. Explicó que durante esta etapa resulta fundamental mantener una adecuada nutrición mineral y disponibilidad de calcio para fortalecer los tejidos de la planta.
Especial importancia le asignó al uso del calcio, que contribuye a la cohesión entre las células. Dijo que aplicaciones realizadas durante el desarrollo del cerezo pueden aumentar el contenido de calcio del fruto, lo que mejora su firmeza y reduce la susceptibilidad a la partidura. Por otra parte, aplicaciones antes o durante la lluvia, pueden ayudar a reducir el gradiente osmótico y, con ello, la entrada de agua al fruto.
No obstante, Balbontín advirtió que no basta con “aplicar calcio”. Indicó que es necesario distribuir las aplicaciones a lo largo del desarrollo de la planta, en lugar de concentrarlas en una única intervención. Agregó que una vez ocurrida la lluvia, resulta fundamental eliminar rápidamente el agua que permanece sobre los frutos.
Investigación para fortalecer la cutícula
Uno de los aspectos destacados por el investigador de INIA Quilamapu es el trabajo de investigación desarrollado junto a colaboradores para estimular, anticipadamente, los mecanismos naturales de las plantas frente a situaciones de estrés. En este ámbito, calificó de alentadores los resultados obtenidos con derivados del ácido jasmónico (fitohormona que actúa como señal de alarma y defensa), cuyas aplicaciones durante el periodo de cuaja han mostrado modificaciones en el proceso de formación de la cutícula.
Indicó que, aplicaciones de jasmonato y ácido abscísico han reducido la susceptibilidad a la partidura bajo determinadas condiciones experimentales y mejorado la calidad de los frutos. Finalmente, Cristián Balbontín explicó que estos antecedentes demuestran la existencia de “una ventana temprana durante el desarrollo del fruto en la que sería posible intervenir para fortalecer la superficie del fruto frente al agua”.






