Desgaste laboral silencioso: apatía, errores reiterados y pérdida de creatividad son las primeras señales de alerta, advierte Luisa Vergara, Jefa de carrera de Técnico en Administración de Recursos Humanos de Santo Tomás Puente Alto. La experta plantea que el 80% del agotamiento surge de intentar controlar procesos ajenos, y que el autocuidado y la desconexión real son claves para revertirlo.
Se inicia el último trimestre del año y ya van quedando menos energías. Es también una buena oportunidad para revisar cómo estamos enfrentando las exigencias de la vida cotidiana. El trabajo ocupa una parte importante de nuestro día y, en muchos casos, sus preocupaciones continúan fuera de la jornada: revisar mensajes durante la noche, pensar en pendientes o sentir que cuesta disfrutar del tiempo libre son situaciones habituales y preocupantes. Ahora es cuando la conversación sobre bienestar emocional y prevención cobra especial relevancia
Si bien es normal sentir cansancio después de una jornada laboral extensa, cuando este se acumula y se vuelve persistente puede afectar el bienestar físico, mental y emocional.
«Una jornada laboral de 8, 9 o 10 horas en el mismo lugar, sin pausas de al menos 20 minutos, produce cansancio físico, mental y hasta emocional. Cuando esto es reiterado y casi permanente, hablamos de desgaste, que puede presentar síntomas como apatía, errores u omisiones, nula creatividad y licencias médicas frecuentes», explica la Jefa de carrera de Técnico en Administración de Recursos Humanos de Santo Tomás Puente Alto, Luisa Vergara.
Para la académica, el 80% del agotamiento no viene del trabajo en sí, sino de «tratar de controlar acciones, procesos o sistemas que no dependen directamente de ti y que inciden en tus resultados».
La apatía suele ser la primera en aparecer, con una persona que pierde el interés por tareas que antes disfrutaba. Ya no participa tanto ni propone ideas, no porque no le importe, sino porque ya no le quedan recursos emocionales para involucrarse. Los errores u omisiones no siempre reflejan falta de capacidad, sino una concentración que ya no logramos, olvidando pasos de procesos conocidos, por ejemplo. Este desgaste acumulado bloquea la capacidad de pensar en nuevas soluciones; nos cuesta salir del “piloto automático” y mirar desde otro ángulo, porque estamos concentrando la energía en sobrevivir la jornada.
Darnos cuenta de estos síntomas es un primer paso. Tomar acciones que nos permitan salir de este círculo vicioso puede ser complejo, pero no imposible.
La clave está en el autocuidado; en darnos tiempos y espacios para nosotros, para aquello que disfrutamos y le da sentido a nuestro día a día. Comenzar por nuestro espacio físico de trabajo; reubicando útiles de escritorio, agregando un detalle significativo o una fotografía familiar. Saliendo del trabajo activar el “modo enfoque” del teléfono y bloquear notificaciones al término de cada jornada laboral, escuchar música, jugar con nuestra mascota o compartir con nuestra familia y priorizar el buen dormir son clave para mejorar nuestra salud física, mental y emocional.
«Quienes dan vida a las empresas son las personas, por eso es una responsabilidad compartida desde cada rol. Por eso todas estas acciones deben ir acompañadas de un buen liderazgo, integral, empático y conciliador. Nada nuevo: simplemente parte de nuestra naturaleza social, para procurar armonía en ambientes laborales que funcionan como verdaderos ecosistemas», enfatiza.






