La Cámara de Diputadas y Diputados retomará el próximo 18 de agosto la discusión del proyecto que busca prohibir las carreras de perros, luego de nuevas postergaciones. Desde la academia advierten que el debate debe considerar no sólo las condiciones de competencia, sino también los efectos físicos y psicológicos que esta actividad puede generar en los animales, además de las apuestas ilegales que hay detrás.
Las carreras de perros, principalmente de galgos, vuelven a instalarse en el centro del debate legislativo. Luego de que la Cámara no alcanzara a votar el proyecto durante la jornada prevista a comienzos de agosto, la iniciativa quedó nuevamente pendiente y ahora se espera que sea abordada el próximo 18 de agosto.
Lo que busca la propuesta legal es modificar la Ley N°21.020 sobre Tenencia Responsable de Mascotas y Animales de Compañía para prohibir las carreras de perros en todo el territorio nacional. La iniciativa se encuentra en primer trámite constitucional y ya cuenta con el informe de la Comisión de Medio Ambiente.
El debate se produce luego de varios intentos fallidos por resolver legislativamente el futuro de esta actividad. La discusión enfrenta dos posiciones: quienes plantean prohibir las carreras y quienes sostienen que éstas pueden desarrollarse bajo un marco de regulación y estándares estrictos de bienestar animal.
No obstante, independiente de aquella discusión, desde la academia plantean una pregunta más amplia que también debe ser considerada en la conversación: ¿qué ocurre con los perros antes, durante y después de su vida como animales de competencia?
Para Cecilia Echeverría, decana de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad del Alba, el debate sobre las carreras de galgos no debería quedarse solamente en los minutos que dura una competencia.
“El bienestar animal debe evaluarse durante todo el ciclo de vida del perro. No podemos observar solamente los minutos que dura una carrera y dejar fuera aspectos como las condiciones de entrenamiento, transporte, descanso, atención veterinaria, reproducción o qué ocurre con los animales cuando dejan de ser competitivos”.
Y es precisamente ese último punto el que, a juicio de la académica, requiere mayor atención. Los perros utilizados para competir tienen una etapa determinada de rendimiento y, una vez que dejan de ser competitivos, son derechamente abandonados a su suerte.
«Desde la medicina veterinaria observamos con profunda preocupación el destino de los galgos tras su etapa competitiva. Estos perros sufren un desgaste físico y articular severo, y someterlos al abandono o al descarte al finalizar sus años de carrera es una violación flagrante a los principios básicos de la bioética y del bienestar animal, además de una crueldad», explica Echeverría.
Una actividad que va más allá de la pista
Sin embargo, hay otros puntos que están sobre la mesa y que también merecen atención especial en la discusión y de lo que, necesariamente, no se está hablando del todo: las apuestas ilegales que hay detrás de esta actividad.
Para Echeverría, cualquier discusión seria sobre esta actividad debería considerar también la trazabilidad económica y las condiciones en que se desarrollan las apuestas asociadas a las competencias, especialmente cuando puedan existir circuitos informales o ilegales.
“Cuando analizamos una actividad que involucra animales, no podemos mirar solamente el espectáculo final. También debemos preguntarnos qué actividades económicas existen alrededor, cómo se fiscalizan y qué incentivos generan sobre el uso de los animales”.
Con todo, la docente detalla que “las apuestas informales e ilegales que rodean a las carreras de galgos generan un incentivo perverso: priman el rendimiento inmediato por sobre la salud del animal. Cuando la prioridad es el dividendo económico, las consecuencias lógicas son la sobreexplotación, el dopaje y, finalmente, el abandono de los perros retirados.»
Prohibir o regular
El debate legislativo ocurre en un escenario en que las carreras de perros no cuentan actualmente con un marco específico que las regule como actividad deportiva.
La propuesta de prohibición establece sanciones para quienes organicen las carreras y también contempla sanciones para quienes las promuevan o difundan. El proyecto fue aprobado en general por la Comisión de Medio Ambiente en 2025 y quedó en condiciones de avanzar a la Sala.
La discusión también considera los argumentos de quienes plantean que una regulación permitiría establecer controles veterinarios, condiciones para las pistas, medidas de seguridad y restricciones a prácticas que puedan provocar daño o lesiones.
El tema, además, ha vuelto a ganar visibilidad pública durante las últimas semanas. Junto a lo ya expuesto por el Colegio Médico Veterinario quien reiteró su rechazo a las carreras de galgos y llamó a eliminar la excepción legal que permite determinadas actividades deportivas con animales, el futbolista y ex seleccionado nacional Charles Aránguiz, también manifestó públicamente su rechazo a las carreras de galgos y pidió avanzar en su prohibición.
Un debate que lleva años
La discusión no es nueva. En agosto de 2024, la Cámara rechazó otro proyecto que buscaba prohibir y sancionar la organización de carreras de perros, con 58 votos a favor, 68 en contra y 13 abstenciones.
La nueva iniciativa busca retomar ese debate desde una perspectiva distinta y llega a la Sala en un escenario donde el bienestar animal ha adquirido una creciente relevancia en la discusión pública.
Con la nueva votación prevista para el 18 de agosto, el Congreso volverá a enfrentar una discusión que lleva años pendiente y que divide posiciones entre quienes consideran las carreras de galgos una tradición que debe ser regulada y quienes sostienen que sus eventuales impactos sobre los animales justifican su prohibición.