Fujimori en las antípodas de la historia

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Escribe Armando Miño Rivera, Periodista Independiente y Docente Universitario (Lima – Perú).

Nadie es moneda de oro de todos. Muy complicado querer y gustar a cada persona. Más en políticos. Mucho más si se es presidente de un país. Alberto Kenya  Fujimori Inomoto es uno de estos casos. Fujimori fue -para cientos de miles- el mejor presidente que ha tenido el Perú. Para otros tantos es un dictador, asesino y corrupto. Lo cierto es que Alberto Fujimori, el presidente-dictador, no es un personaje fácil de describir. Aquí va el intento.

Fue presidente de Perú desde 1990 hasta fines del año 2000. Renunció vía fax desde la Cumbre de Brunei, dejando a su hija Keiko Fujimori en palacio. Sola. Con apenas 25 años. La  administración del estado es vista como de grandes logros económicos, estabilidad y bonanza. Su capacidad para estabilizar una economía devastada por la hiperinflación y la corrupción es, quizá, su mayor baluarte. Al asumir el poder en 1990, Perú enfrentaba una inflación que alcanzaba el 7,650% anual, una situación insostenible que amenazaba con desintegrar la economía nacional. Fujimori implementó un conjunto de reformas económicas basadas en el modelo neoliberal que incluyó la privatización de empresas estatales, la liberalización del mercado y la reducción del gasto público. Estas medidas, aunque duras, lograron estabilizar la economía y restaurar la confianza tanto en el mercado interno como en la comunidad internacional.

Bajo su liderazgo, Perú no solo controló la inflación, sino que también experimentó un crecimiento económico sostenido. A mediados de la década de 1990, la inflación se redujo a un dígito y el país comenzó a registrar tasas de crecimiento económico que lo colocaron entre los de mayor desempeño en América Latina. Las reformas estructurales implementadas por Fujimori establecieron las bases para una economía más abierta y competitiva, permitiendo a Perú integrarse de manera más efectiva en la economía global.

Otro aspecto positivo de su mandato fue la mejora en la infraestructura del país. La privatización y la inversión extranjera llevaron a una modernización significativa en sectores como telecomunicaciones, energía y transporte. Estos avances fueron cruciales para el desarrollo económico y la atracción de inversiones, ayudando a transformar a Perú en un destino más atractivo para los negocios internacionales.

Fujimori también es reconocido por su éxito en la lucha contra el terrorismo. Durante la década de 1990, Perú estaba sumido en una guerra interna con dos grupos guerrilleros extremadamente violentos: Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). Estos grupos habían causado enormes pérdidas humanas y económicas y amenazaban con desestabilizar aún más al país.

El gobierno de Fujimori adoptó una estrategia de “mano dura” que incluyó operaciones militares y policiales intensivas contra los grupos terroristas. La captura de Abimael Guzmán el líder de Sendero Luminoso, en 1992 fue un hito importante en esta lucha. Su arresto, junto a la ley de arrepentimiento,  debilitó significativamente al grupo y marcó un punto de inflexión en la lucha contra el terrorismo en Perú. Las operaciones contra el MRTA también fueron efectivas, contribuyendo a la reducción de la violencia y al restablecimiento del orden en varias regiones afectadas por el conflicto.

Debemos, sin embargo, decir las cosas claras. EL GEIN (Grupo Especial de Inteligencia), que, contra viento y marea, sin casi recursos, con la voluntad inquebrantable de policías que se fajaron por el país, fue quien capturó al asesino Guzmán. Como se detalla en el libro Golpe Mortal del coronel Guillermo Bonilla Arévalo, la ayuda vino de la comunidad japonesa, la embajada de Estados Unidos y amigos cercanos del equipo.

A pesar de estos logros, el legado de Fujimori está manchado por serios desaciertos y prácticas autoritarias. La estabilidad económica y la mejora en la seguridad se vieron empañadas por violaciones a los derechos humanos y corrupción a gran escala.

Un asunto vital es que debilitó la educación. Si bien se construyeron miles de colegios y planteó su lema “cada día un colegio”, lo cierto es que muchos se han caído, otros están en reparación, a los maestros los relegó al plano último del estado. Años de sueldos de hambre, robándoles derechos adquiridos, con pensiones paupérrimas, destruyendo el sistema educativo, todo en pro de privatizar el magisterio.

Uno de los aspectos más controvertidos de su mandato fue el abuso del poder y la erosión de las instituciones democráticas. Fujimori utilizó tácticas autoritarias para consolidar su control, incluida la disolución del Congreso en 1992 y la modificación de la Constitución para permitir su reelección indefinida. Estas acciones fueron vistas como un ataque directo a la democracia y al equilibrio de poderes en el país.

La corrupción también fue un problema significativo durante su gobierno. Se descubrió que su régimen estaba involucrado en una red de corrupción que incluía sobornos, malversación de fondos y un sistema de espionaje que violaba la privacidad de los ciudadanos y la libertad de prensa. El escándalo más notable fue el caso de Vladimiro Montesinos, su asesor de inteligencia (a quien Fujimori indemnizó con 15 millones) porque fue acusado de corrupción y violaciones de derechos humanos. La corrupción y los abusos asociados con Montesinos dañaron gravemente la credibilidad de Fujimori y su gobierno. Los cambistas asesinados, las vírgenes que lloraban, la muerte de mujeres por el Loco de los cerros y los programas de Laura Bozzo, eran cortinas de humo en las que miles de peruanos caían rendidos. Todo en pro de un régimen que aplastaba sus detractores.

Además, el régimen de Fujimori enfrentó acusaciones de violaciones graves de derechos humanos. Se realizaron numerosas denuncias de ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas y torturas. Las fuerzas de seguridad, bajo su mando, fueron acusadas de cometer abusos durante las operaciones contra los grupos guerrilleros, pero también contra ciudadanos indefensos. El asesinato de ocho estudiantes y un profesor en la Cantuta, La matanza de Barrios Altos donde asesinaron a 14 adultos y un niño, la desaparición de la agente Mariela Barreto, descuartizada por hablar sobre las torturas en el SIN, así como otros excesos, que el mismo Fujimori aceptó en los juicios llevados en su contra sus testigos de sus extralimitaciones.

En última instancia, la figura de Alberto Fujimori ilustra las tensiones inherentes en la política de países en crisis. La historia dirá qué espacio le pertenece. En todo caso, hay muchas manchas en una tela blanca.