Nos ganaron el «quien vive»

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Escribe Manuel Polgatiz, Periodista y Comentarista Deportivo.

Con rabia e impotencia. Magullando una derrota “injusta” en los últimos minutos, pero que en el repaso del resumen final, se apega más a la realidad.

Muchos dirán que O’Higgins no jugó mal, sin embargo, tampoco desarrolló las acciones propicias para llevarse el triunfo, porque el visitante fue duro y sólido rival, mientras que los locales impulsaron su estructura sobre la base de una destreza enredada en medio terreno y bandas vacías inutilizadas.

Los volantes de corte siempre estuvieron más cerca de área propia, que la del oponente, salvo excepciones malogradas de Juan Fuentes.

Allí estuvo el núcleo del conflicto que Azconzábal no supo dominar, pues, mientras los árabes sumaron “refresco” de nivel en el segundo tiempo, el técnico “Celeste” optó por mantener el esquema sin una gota riesgo y arrojo.

Podrán decir que fue un partido correcto, sí. Podrán decir que estaba para cualquiera, sí. Pero cuando la igualdad de fuerzas emerge, debe nacer esa valentía para modificar los escenarios, para transformar lo establecido y crear una nueva conducta valiente que vaya en busca de la victoria.

Eso, aunque varios lo duden, no existió. En el gol de Palestino, los rancagüinos seguían defendiendo con seis hombres, más el arquero. O sea, ¿fue problema ir en busca de los 3 puntos, o fue un mal manejo del entrenador, que no descifró las alternativas que puso en cancha “Vitamina” Sánchez?.

Cuando el equipo pedía a suplicas recuperar el medio terreno, Azconzábal jamás reaccionó. Tuvo que existir decisiones exógenas, para determinar las propias y en ese paso mínimo pero inteligente, te ganaron el quien vive.

Desde ese momento álgido y prístino, los forasteros se hicieron dueños de las mejores oportunidades, sacaron a relucir la experiencia y el trabajo cohesionado, que los tiene con un pie y medio en la fase de grupos de la Copa Libertadores.

Tras el pitazo final y luego de mascar la dura derrota, en frío o caliente, Palestino aprovechó su instinto para matar 90 minutos de gran espectáculo, con 7 mil personas en las gradas, que se fueron tranquilas porque hay ilusión, mas no felices, como debía ser al que llevaba la primera opción.