Señora Madonna (II) (sátira poética)

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Juan Carlos Galiana. Poeta y Dramaturgo (Estación de San Roque – Campo de Gibraltar – Cádiz; España).

 

 

 

 

 

LA SEÑORA MADONNA. CAPÍTULO II

Original de Juan Carlos Galiana Auchel.

 

Salió del super la Señora Madrona
Bastante inquieta y excitada,
Le habían robado su compra
Y ya no tenía para nada.
¡Qué pena más grande tengo!
Se lamentaba.
Ni un euro en mi monedero,
Ahora, seguro que me muero.

Pero qué gracia tuvieron los ladrones,
Ja ja ja!, parecían drones.
Tan rápidos fueron
Que ni cuenta me di.
Pobres muchachos, les haría falta la comida,
Aunque me dejaron casi herida.

Pero… ¿qué estoy diciendo?
Son unos sin vergüenzas.
Eso no se hace,
Y menos a una anciana con clase.
Porque yo la tengo.
Dicen que soy muy guapa,
Un poco gorda me veo.
Este bambo verde me hace más delgada
Aunque quitarme kilos es para nada.

Con sus pensamientos
Madonna llego a su casa,
Abatida de tanta guasa.
Sólo dos huevos tenía
En su nevera vacía.
Los puso a cocer,
Porque algo tenía que hacer.

¡Ay!, huevos de mi vida,
Hoy seréis mi salvación,
Y mientras os cuezo
Cantaré una canción:
Ay penita, pena, pena,
Pena de mi corazón,
Hoy no tengo pa’ la cena, pena,
Yo no tengo solución…

Canturreaba Madonna
En tanto los huevos se hacían.
Y de pronto aquellos huevos
Una tortilla parecían.

Qué coño ha pasado,
Dijo en tono relajado,
Los huevos han explotado,
¿Estarían caducados?
No sé, no sé,
Pero esto no pinta bien.
Ahora mismo cojo el bolso,
Salgo a la calle,
Y le pido a mi hermana un rembolso.

Con ese dinero al Aldi me voy,
A ver si compro algo,
Aunque sea un pargo.
Yo no me quedo sin comer,
Que el estómago vacío es muy malo,
Y después no cago.

Me llevaré la asistencia, el botón,
Para apretarlo
Por si vuelve el ladrón.

Caminaba la Sra. Madonna
Hacia la casa de su prima Flora.
En tanto avanzaba,
Atormentada pensaba:

¿Querrá la Flora, que tiene hallares,
Prestarme dinero
Para mis pesares?
Le debo una barbaridad,
Aunque no sé cuanta cantidad.
No es mala la prima de mi hermana,
Nada que ver con la Carmen Lomana.
Es tipo de la Esteban,
Más mayor, claro,
Pero con un carácter muy raro.

Todos en el barrio sabían
Que la Flora de Madame ejercía.
Su negocio de tantos años,
Regentaba con valentía
24 horas al día.

Por allí pasaban hombres y muchachos,
A menudo borrachos.
Pero plata tenían,
Y la Flora con su agonía,
Todo lo que podía retenía.
Españoles, colombianos y venezolanos,
Sus clientes más veteranos.

Cómo le pido el dinero,
Exclamaba Madonna que llevaba un sombrero.
Si le cuento la historia,
Tal vez me dé la zanahoria.
Pero yo verduras no quiero,
Ni carne ni frutas. Quiero euros,
Y eso lo tienen las putas.
Qué la Flora lo sea,
Un comino me importa,
Ella, tan malaje, ni un pelo se corta.

Ya estaba Madonna en el portal de la Flora.
“Bueno, tocaré el timbre ahora”.
Veremos cómo me recibe,
Porque por mí, desde luego, no se desvive.

¿Quién es? Sonó una voz de ultratumba.
Soy tu Prima.
¿La Madonna?
La misma, la que te quiere, mona.
Anda y vete al carajo,
Que aquí solo tengo trabajo.
Hija, ábreme la puerta
Que estoy viva y no muerta.
Irme no puedo al carajo
Porque en verdad, no tengo ni ajo.
Pues vete a comer espinacas,
Dijo Flora aguardentosa,
Y así te quitas las resacas.
Que borracha no estoy, Flora de mi arma,
Que de hambre se me ha ido el karma.
Pues dinero no te presto
Y no te abro porque apesto.
¿Y por qué no te duchas,
Bajas, me abres, y me traes las huchas?

Mira que eres pesada Madonna,
Que no me da la gana verte.
Pues mira prima mía,
Que te den por saco,
Iré a lo de Paco.
Adiós pedidora…, pero bueno, ven mañana.
Si es por la noche mejor.
Y a Paco ni se te ocurra verlo,
Que lo que tú quieres, abusadora, es tenerlo.
Ese es mío, ¿te enteras?
Que te mando a la cementera.

Está bien, Florita.
Me marcho ahorita.
Vendré cuando me has dicho,
Ojalá que no te pique el bicho.

Marchose Madonna apenada.
Decidió pedir en la calle.
La coja se hizo,
A ver si colaba el hechizo.

¡Qué lástima de mi Prima!,
Suspiró la Sra. Madonna.
¡Qué pena me da la nena!
Aunque no me haya dado dinero
Ni para comprar mi sombrero.
No me importa que sea puta,
Pero, pobrecita, que ni siquiera de eso disfruta.

En la calle a pleno sol,
Decidió en un banco sentarse
En un banco que ardía
Justamente frente a un supermercado Día.

¡Ay!, coño, que me he quemado el culo.
Mejor, me meto en un zulo.
Pero, ¿dónde encuentro yo uno?
Para pedir dinero no se puede estar escondida,
Así que de aquí no me muevo
Y si me frío como un huevo,
Luego me pondré una cremita,
En mis partes, para aliviar la heridita.

Con el calor que hacía,
Ninguna persona en la calle había.
A esto que un lotero,
Guapo y altanero,
Apareció de pronto,
Y Madonna aprovechó la oportunidad.
Levantose del banco ardiendo
Y con mucha vergüenza le dijo:
Señor, estoy pidiendo.

¿Y qué pide usted, Señora mía?
“Que me regale un décimo de la lotería”
Eso no puedo, preciosa, y menos ahora.
Lo que vendo se paga,
Y si después quiere, se lo traga.

Pero es que no tengo dinero
Hermoso caballero.
Ni un cuanto que llevarme a la boca,
Que se lo diga mi prima,
La Flora, que de ella la verdad rima.
“¿Y quién es la peregrina?
Sepa usted que no le tengo inquina.

“Qué culto, hombretón,
Me merezco un apretón.
Le aseguro que la Flora no es monja.
Por mucho que usted la llame Sor ella.
Eso sí, cuando quiere prepara una paella
Con gambas y gambones,
Deliciosa como bombones.

Qué asco, dijo el lotero,
Muy serio y con voz oscura.
Las paellas necesitan ternura,
Echarle marisco al arroz,
Es un sacrilegio,
Me lo enseñaron en el colegio.

Anda, no profieras sandeces,
Y dígame, tonteaba Madonna,
Si me premia con creces.

“No puedo, belleza,
Ni está en mi cabeza.
Si quisiera de mí otra cosa
No dude en pedirlo,
Pero ahora me marcho
Pues me cago como un mirlo.

El lotero salió que se las pelaba,
Era verdad que el hombre se cagaba.
Madonna se quedó compungida,
Como cuando el alma no tiene cabida.

“Qué mala suerte tengo,
Y que hambre tan atroz,”
Exclamó como un lobo feroz.

Con tantos lamentos
Ni se dio cuenta que en un momento
Alguien de Día salía.
Una mujer regordeta
Que se parecía a la moreneta.

“Mi prima, mi prima”
Qué alegría,
Cuanto tiempo que no te veía.
¡Pero si es Marifé!
Qué dicha tan grande.
¿Recuerdas cuando tomábamos té?

“Y tanto que me acuerdo Madonna,
También cuando íbamos a la pizzería la Nonna.”

Qué tiempos aquellos Marifé.
Y, por cierto, qué cargadita de bolsas vienes,
Seguro que muchas perritas tienes.

“Hija, tengo mi pensión
Y con ella me apaño
Desde hace un año.
¿“Ya no cantas Torre de Arena?
Cómo me gustaba
Y cuánta pena.”

“Un día mordiendo un membrillo,
Me atraganté,
Parecía un ladrillo.
Estoy viva de milagro,
Pero ya no canto ni en Almagro”

“Pobrecita, prima mía.
La verdad, no lo sabía.

Aquí me tienes pidiendo limosnas,
Como una indigente,
Pero eso siempre, yo muy aparente”

¡Ay!, prima de mi corazón.
Esto tiene solución.
A mi casa te llevo conmigo,
No quiero que se te encoja el ombligo”

Marcharon la dos conversando.
Marifé, muy atenta,
A lo que Madonna le estaba contando.

FIN CAPÍTULO II