Un nuevo foco de preocupación se ha abierto en este territorio insular con respecto a concesiones salmoneras con causal de caducidad que estarían siendo reactivadas y con ello, más impactos ambientales y afectaciones a las comunidades locales, según han denunciado.

Álvaro Montaña, es geógrafo e integrante del Movimiento Defendamos Chiloé y con respecto a las concesiones acuícolas en condición irregular en la región, señala: “En la región de los Lagos hay alrededor de 160 concesiones de salmón que debían haber sido terminadas o caducadas por no cumplir la ley de acuicultura. Sernapesca y la Subsecretaría de Fuerzas Armadas no están haciendo cumplir la ley y gracias a eso ahora las salmoneras vuelven a reactivar concesiones de cultivo de salmón que durante años no estuvieron funcionando, en este caso en isla Llingua el centro de cultivo de la empresa Cermaq en el sector Mautén no funciona al menos hace 7 años, lo mismo estaría ocurriendo en otros sectores de Chiloé en estos momentos”, señaló.

El profesional agrega: “Resulta vergonzoso como el Estado no hace cumplir la ley a la industria salmonera, ley de pesca y acuicultura se aplica con distinto rigor a los pescadores artesanales y a los grandes empresarios del salmón, en Chiloé todos vemos como los servicios públicos persiguen y asfixian a la pesca artesanal, pero a la industria salmonera la dejan hacer lo que quieran”.

El miembro de Defendamos Chiloé, denuncia al respecto: “En el caso de isla Llingua el centro de cultivo Cermaq además se ubica sobre un caladero de Centollas, actividad que genera empleo local y que aporta a la alimentación saludable de los vecinos de la isla, es muy probable que con la reactivación de las operaciones de cultivo de salmón estas centollas se vean afectadas por el ruido submarino y también por sustancias químicas que se ocupan en los lavados de piojos del salmón”, asevera Montaña.

“La tozudez de permanecer en áreas protegidas”

El Doctor en Oceanografía de la Universidad de California y Biólogo Marino, de la Universidad de Chile,  Tarsicio Antezana, ha sido un activo defensor y promotor del ambiente y la cultura de Chiloé, quien ha señalado con respecto a la introducción de salmones con patógenos que estos  “no existían en estas aguas prístinas hasta mediados de los setenta, y por tratarse de una especie exótica, de hábitos carnívoros de alta voracidad e invasiva, es en efecto un atentado grave a los derechos de la naturaleza”.

También señala de los otros impactos de la industria, como “la triste y fluctuante historia de crecimiento económico, aunque no de desarrollo y de catastróficas incertidumbres como el virus ISA, Mareas Rojas, vertimientos masivos de mortalidades”, como lo ocurrido en Chiloé en el 2016.

Antezana, denuncia que estas políticas empresariales, se han instalado a espalda de las comunidades locales, de los pueblos originales y de la ciudadanía en general. Asimismo, sin consideración de la academia y la ciencia, con imposiciones inconsultas frente a situaciones fundamentales, ante “tan grave impacto ambiental sin la fundamentación oceanográfica de base, ni la implementación científica permanente y adecuada que requiere tan magna intervención”, señala.

Con respecto a las concesiones acuícolas en espacios de conservación, Tarsicio Antezana, comenta:  “La tozudez de permanecer en áreas protegidas es un ejemplo más de esta violencia contra la naturaleza y parte de la sociedad que resulta en la práctica en la insustentabilidad de esta industria, la que puede mantenerse y crecer gracias a los privilegios económicos y ambientales que tiene y ha tenido de sobra; y desde luego ayudada por una muy engañosa política y vocación de respeto ambiental y social”.

El Biólogo Marino se pregunta: “¿Cómo poder tener esperanza de la institucionalidad estatal, cuando a sabiendas de las irregularidades o “imperfectibilidades” de las leyes y reglamentos del pasado y actuales, como el escaso control y vigilancia y la carencia de penas disuasivas, insisten en permitir la salmonicultura en Chiloé, Aysén y especialmente en Magallanes sin el conocimiento oceanográfico necesario, y sin siquiera una estimación de la capacidad de carga, ni de la contaminación actual y ni de la hipoxia y anoxia en “barrios salmoneros”, y en toda la región colonizada?. De esta manera se ignora el principio precautorio  y ecosistémico que la misma ley (de pesca y acuicultura) establece”, aduce Antezana.