Más poder y más poder

517

Escribe Armando Miño Rivera, Periodista Independiente y Docente Universitario (Lima – Perú).

Un policía estaciona su auto en la puerta de una Unidad Básica de Bomberos, a pesar de estar prohibido que se ubiquen unidades de transporte en puertas de establecimientos de emergencia. No contento con esto, al ser increpado por su mal accionar, el hombre de verde grita, espeta, golpea y amenaza al bombero. Este mismo sujeto había sido denunciado por secuestro y agresión sexual por una menor de 17 años quien era su enamorada. Una joya.

Una mujer policía, otra vez, detiene a un ciudadano que infringió normas de tránsito. Le solicitó sus documentos, le indica la falta, pero el ciudadano le dice que dos efectivos le dijeron que avanzara. A pesar de ello, la policía femenina sigue con el trámite. El ciudadano le pide la papeleta y antes de firmarla le coloca observaciones a la misma. La policía le arrebata el documento y lo amenaza, diciendo que ahora registrará  que intentó darse a la fuga. Todo grabado, todo registrado.

Un grupo de congresistas presenta un proyecto de ley para que 14 mil docentes contratados y que no podían nombrarse y ascender porque no aprobaban las pruebas pasen a planilla permanente. Los mismos artífices de este ley son profesores (no maestros, les queda grande el título), que JAMÁS aprobaron alguno de los exámenes para nombrarse. O sea, se armaron una ley con nombre propio, siendo incapaces de respetar la meritocracia. Los más afectados serán los estudiantes. Pero a estos impresentables no les interesa.   

Este no es el resumen de una obra de teatro o la sinopsis de una nueva película de la Warner Bros. No. Esto pasa hoy, en pleno siglo XXI. Poder, yo puedo, yo lo hago. Tú, ciudadano de a pie, te aguantas, te esperas, no me interesas, eres nadie. Ya la inseguridad ciudadana nos va acorralando para que, también, otro grupo de personajes con una placa o faja bicolor nos pegue en la cara, sin importar que -además- les pagamos con nuestros impuestos su sueldo. Sí pues, son empleados del estado, es decir, de todos los peruanos. Pero ni por esto se inmutan. Poder, más poder.

Lo que haga ahora inspectoría, por un lado, el Tribunal Constitucional por otro y los ciudadanos organizados es lo que queda ¿Acaso, merecemos estas autoridades, estos personajes pintorescos sacados de un mal cuento de terror o suspenso, o es que nuestras peores pesadillas se han materializado?

Para colocar la cereza al pastel, ayer la administración Boluarte pidió al renuncia de la ministra de Educación, Magnet Márquez, pues se opuso a esta aberración que va en contra de los educandos del país. Parece, pero no es una fábula con los animalitos menos capaces. Es poder:

“Y aluciné, aluciné, aluciné que tenía poder

Y más poder, y más poder, aluciné que tenía poder” (La Sarita)