Gracias Profesor, gracias Maestro

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Escribe Armando Miño Rivera, Periodista Independiente y Docente Universitario (Lima – Perú).

Un amigo residente en Japón me contaba lo siguiente: “cuando una persona, cualquiera sea esta, se encuentra o saluda a otra de mayor rango, hace una reverencia. Cuando un ministro o autoridad se presenta, todos hacen una reverencia. Cuando el emperador o su corte se dejan ver, todos hacen una reverencia. Cuando un maestro es saludado, todos, incluido el emperador hacen una reverencia”. Esto es un indicativo de la relevancia mayor del maestro.

En este milenio vemos como la labor del profesor de escuela rural, de ciudad, el maestro de universidad y de instituto, se ha ido infravalorando, arrimándolo con normas y leyes canibalescas, hasta colocarlo en un espacio en el que es mejor callar, no corregir o incluso alabar lo que no es loable. De lo contrario estudiantes, padres, escuela, ministerio y hasta el gobierno se te viene encima. No es broma, así sucede. Hemos pasado del rigor y trabajo duro de los maestros hechos al día a día el siglo pasado (con la mejor predisposición de muchos de ellos), enseñando lo que bien podían, con la regla en mano, y hemos pasado a un terreno donde al estudiante no se le debe corregir, ni mirar de manera inadecuada, donde el lenguaje es casi una niñería o se deben usar palabras con mucho cuidado, pues su autoestima, estado mental, espiritual y psicológico puede ser trastocado. Y si eso pasa, si te atreviste a mostrarle su deber y amonestar, pues, prepárate, puedes ser denunciado. Vuelvo a decir, no es broma.

Los padres de familia se han vuelto en muchas casos abogados, fiscales, jueces y parte, todo. Las instituciones cómplices de una Generación de Cristal, donde niños de ocho o diez años se pronuncian con estrés, agobiados, aturdidos, abundan. Encontramos a jóvenes en la universidad, sin ganas de leer, de escribir, exigiéndote notas altas, pidiendo puntos por todo, creyendo que merecen el cielo. El daño que se ha hecho a la educación, y por ende a los maestros, es dolorosa, gravísima. Se están generando chicos con baja autoestima y con responsabilidad cero, pues los padres piden menos tareas, menos exposiciones, menos deber, menos todo, más internet, más celular, más pornografía audible. Ah, también exigen que todos deben ganar, todos primeros, todos felices. La vida real no es así. Al medio se encuentran los educadores, que apenas ven a sus estudiantes unas horas, pero que -según los progenitores de estos- deben resolver sus majaderías, malcriadeces, mal humor, es decir, pasan la educación, responsabilidad y deber que los hijos deben tener en casa al colegio. Y por ello, hoy por hoy, hay estudiantes con problemas en diversas áreas de su vida familiar y social.

Mis maestros me  llevaban al límite, nunca me regalaron nada, ni un solo punto, una décima. Siempre me empujaban a la excelencia, corregían con palabras, a veces con mucho rigor, con palmeta también, algo que ya quedó desterrado (para bien), pero lo demás nos forjo -tanto a baby boomers y generación X-, en personas que luchan por el bienestar común, el de su familia y la sociedad. El maestro, el educar hoy es un instrumento. Nada más, solo eso. Y ya es tiempo que se le dé su lugar.

Gracias a ustedes amautas por otorgarme armas para la vida: voluntad, trabajo, fe, autoestima, corrección, excelencia, honestidad, perseverancia y educación en valores para respetar y ser grande, no alto, grande. GRACIAS A TODOS MIS PROFESORES, GRACIAS MAESTROS.