Algunas lecturas de las elecciones de gobernadores

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Escribe Felipe Mendoza Aravena, Docente del Área Ciencias Sociales, Instituto Profesional Santo Tomás – Rancagua.

Las elecciones del fin de semana pasado nos dejaron varios elementos importantes para el análisis. En primer lugar, la histórica baja votación a nivel nacional (19,6%). Hay muchas interpretaciones para esto, una de ellas puede ser, el bajo interés que concitaron las elecciones de gobernadores en la ciudadanía; hay un menor conocimiento de las funciones de éstos, en comparación con otros cargos públicos más visibles (como los alcaldes), además considerar que es un cargo nuevo.

Otra cosa que podemos deducir es que las personas que fueron a sufragar este último domingo son las consideradas como el voto “duro” del electorado, el voto informado; es el perfil de personas que entiende que todas las elecciones de autoridades son importantes independiente de sus funciones; si esto es así, el porcentaje de votantes de este domingo resulta preocupante.

Asimismo, se puede pensar con justa razón que la discusión por el voto obligatorio tomará más fuerza aún, pensando en las próximas elecciones presidenciales.

Otra materia para la reflexión es que la ciudadanía sigue castigando a la coalición del presidente Sebastián Piñera. El oficialismo sólo obtuvo una gobernación a nivel nacional (La Araucanía), versus 10 gobernaciones que obtuvo la Unidad Constituyente. De hecho, nuestra región se inclinó por Pablo Silva (PS), quien forma parte de este bloque político. 

Finalmente, muchos señalaban que estas elecciones podían servir de parámetro para las presidenciales. No obstante, con el bajo nivel de votación que hubo, se torna difícil realizar algún pronóstico. Tal vez lo único claro – si tomamos como ejemplo la Región Metropolitana que tiene casi 5 millones de electores – es que ningún pacto político por sí solo logre ganar en primera vuelta; Claudio Orrego ganó por el apoyo de un número no menor de votantes de derecha. 

Aún más difícil se torna un pronóstico, si es que el voto obligatorio es una realidad. No sabemos por quién se inclinará ese 50% que no ha votado desde que el voto es voluntario.