Humberto Maturana, ganador del Premio Nacional de Ciencias 1994 y uno de los intelectuales más importantes del país, falleció a los 92 años.

El destacado biólogo, filósofo​ y escritor chileno, murió durante la madrugada de este jueves por causas naturales, según fuentes de Radio Bio Bio.

“Con dolor me entero de la partida de un gran amigo y ser humano. Su dimensión intelectual fue siempre motivo de orgullo para la @uchile y para el país. Fue inspirador al abrir alternativas para percibir y acercarse a la biología. Mis condolencias a su familia y seres queridos”, escribió el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi.

“Desarrollaba en sus estudiantes, como pocos, una actitud crítica y novedosa. Sus teorías captaron la atención del mundo entero y fueron aplicadas a diversas disciplinas más allá de la biología”, agregó.

“Cuando me piden señalar qué diferencia la Universidad de la educación escolar, cito siempre lo que para mi significó escuchar al profesor Maturana: preguntarse qué es la vida”, cerró.

La noticia fue lamentada también en redes sociales, donde surgieron múltiples mensajes de despedida y reconocimiento a su legado. Uno de ellos fue el periodista y escritor Patricio Fernández.

“Murió Humberto Maturana, alguien que encontró en la ciencia un modo de ahondar en el alma humana. Insistió siempre en la importancia de la colaboración, de escuchar al otro, del amor. Entró al panteón de los grandes chilenos, al lado de su compañero Francisco Varela”, comentó.

El psiquiatra, escritor y dramaturgo chileno Marco Antonio de la Parra también se unió a los mensajes.

“Si, el cumpleaños de Sigmund Freud, un inmortal. Y la muerte de Humberto Maturana, noticia reciente, de esas que uno espera se desmientan”, escribió.

Nacido en Santiago el 14 de septiembre de 1928, el científico estudió en el Liceo Manuel de Salas y posteriormente ingresó a Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

Según su reseña en la página de dicha institución, Maturana también estudió anatomía y neurofisiología en la University College London y posteriormente realizó un doctorado en Biología en la Universidad Harvard. En Estados Unidos además fue investigador asociado en el Departamento de Ingeniería Eléctrica del Massachussets Institute of Technology.

Volvió a Chile en 1960, donde se desempeñó en la Universidad de Chile, primero en la Escuela de Medicina y luego en la Facultad de Ciencias.

40 años más tarde, fundó junto a Ximena Dávila el Instituto de Formación Matríztica, que centra su labor “el entendimiento de lo humano, sentando bases fundamentales para el trabajo colaborativo, la innovación y el alto desempeño de personas en las organizaciones”.

En 1994, recibió el Premio Nacional de Ciencia gracias a su trabajo en el “campo de la percepción visual en vertebrados y por sus planteamientos acerca de la teoría del conocimiento”.

En las últimas semanas, Maturana se encontraba promocionando su nuevo libro “La Revolución Reflexiva”, escrito junto a Dávila.

5 reflexiones del fallecido Humberto Maturana que evidencian su legado

“Con dolor me entero de la partida de un gran amigo y ser humano. Su dimensión intelectual fue siempre motivo de orgullo para la @uchile y para el país. Fue inspirador al abrir alternativas para percibir y acercarse a la biología. Mis condolencias a su familia y seres queridos”, escribió el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, confirmando la noticia.

En su amplia trayectoria en ciencia y filosofía, junto a Francisco Varela, definió el concepto de autopoiesis en el libro De máquinas y seres vivos , que habla de cómo los sistemas vivos reproducen los componentes que los constituyen.

Entre otras obras escritas por Maturana se encuentran La objetividad: un argumento para obligar, Emociones y lenguaje en educación y política, La democracia es una obra de arte y, junto a Ximena Dávila, El árbol del vivir.

Fue en abril pasado que el académico conversó con el medio La Tercera y mientras hablaban respecto de la sobrepoblación mundial, Maturana lanzó algunas reflexiones.

“Las personas deben poder escoger el momento en que mueren, el momento en que procrean y la pareja que quieren para convivir. Pero el crecimiento de la población es un tema universal. La población crecerá exponencialmente a menos que disminuyamos los embarazos, no premiar al que viene en camino porque sí, respetar las prácticas que impiden la fecundación, respetar la sexualidad, la ternura y la caricia que implica la sexualidad, pero con conciencia de que podemos evitar un embarazo. Que el embarazo no llegue por negligencia. La educación es fundamental en el conocimiento, en el entendimiento”, dijo.

En la misma conversación, se mostró a favor de la eutanasia manifestando que “es absolutamente legítimo decir hasta aquí vivo. Yo, Humberto Maturana, quiero escoger el momento en que voy a morir, no quiero ser una carga, no quiero generar daño y no quiero contribuir al crecimiento de la población, porque es dañino para todos. El modo de vida del ser humano ha sido absolutamente destructivo”.

En 2012, en tanto, en medio de movimientos sociales, principalmente de estudiantes, que surgieron en esos años, comentó en el programa de conversación política Tolerancia Cero que resulta fundamental “permitir que los jóvenes sientan que conversan del país y son escuchados. Uno de los motivos del resentimiento es el no ser escuchados, no ser respetados”. “Yo no digo que hay que investigar la violencia sino preguntarnos qué estamos haciendo para que esto pase. Qué hacemos para que aparezca el resentimiento”, sostuvo.

En entrevistas con otros medios de comunicación, así como en conferencias, evidenció su pensamiento con otras reflexiones. Puedes leer algunas a continuación:

  1. “Sin aceptación y respeto por sí mismo uno no puede aceptar y respetar al otro, y sin aceptar al otro como un legítimo otro en la convivencia, no hay fenómeno social”.
  2. “Todo tiene que ocurrir como un proceso armónico. Si eso se pierde, enfermamos, y si eso empeora, morimos. Los modelos de pensamiento alteran nuestra fisiología. Escuchar en el respeto no es lo mismo que escuchar en el odio. Y no es una prédica, sino una invitación a gatillar cambios estructurales. Porque todos los organismos interactuando entre sí cambian juntos, como nosotros hoy, aquí. ¿Qué se tiene que dar en esa interacción? Tiempo. Si no tenemos tiempo de encontrarnos, no hay encuentro posible”
  3. “No es cierto que los seres humanos somos seres racionales por excelencia. Somos, como mamíferos, seres emocionales que usamos la razón para justificar u ocultar las emociones en las cuales se dan nuestras acciones”.
  4. “Se dice que el progreso tiene que ver con la competencia. No quiero desvalorizar a Darwin, pero es un hecho que cuando competimos, el autoengaño es pensar que mi bienestar radica en negar al otro. Y en realidad uno se siente bien haciendo las cosas que sabe hacer, en el momento oportuno. Lo peculiar en nosotros es que vivimos en el lenguaje, podemos reflexionar y elegir. Por eso, en el preciso momento en que el otro pasa a ser referente de lo que hago, me desvalorizo a mí mismo. En cambio, cuando hay colaboración, la competencia ya no existe, porque no existe la amenaza”.
  5. “La pandemia nos da una oportunidad de ser efectivamente seres “humanos”, en el mutuo respeto. Pero hemos vivido en una cultura en la cual se enfatiza en la competencia, la lucha, el ser mejor que el otro, en ganarle al otro, etc. Entonces con ese trasfondo cultural resulta difícil no estar en la lucha, dejar que aparezca la colaboración. Y para que aparezca la colaboración tengo que confiar, tiene que haber honestidad”.