Llovizna política: candidatos como cancha (última parte, se los juro)

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Escribe Armando Miño Rivera, Periodista independiente y docente universitario.

Y aquí los que por primera vez postulan, pero ya tiene cierto recorrido.

Daniel Salaverry, fue exlegislador y presidente del Congreso, estuvo a favor del cierre del legislativo anterior y formaba parte de la banda, perdón, partido Fuerza Popular. Era notoria sus discrepancias con sus compañeros de bancada, sobre todo con Luz Salgado, Rosa Bartra y Karina Beteta. Fue acusado por comprar de terrenos mal habidos, pero quedo en nada. El pequeño problema es que salta de partido en partido y ahora está en Somos Perú, junto a … Martín Vizcarra, expresidente y acusado de malversar fondos y recibir coimas por obras cuando era Presidente Regional de Moquegua. Tamaña carga Dany.

Tenemos en otro bolo a Hernando de Soto, economista y asesor de diversos gobiernos a nivel internacional, quine curiosamente nunca fue ministro en Perú, pero su instituto ILD fue propulsor de varias leyes en pro del mercado formal y liberal. Además, es mencionado por varios diarios y revistas especializadas como uno de los economistas más brillantes de Latinoamérica. Ahora como candidato tuvo sus pequeñas patinadas, como no saber ¡¡¡cual partido lo cobija!!! De locos.

Otro candidato (novato, naca la piri naca), es Alberto Beingolea, quien en su niñez y juventud fue un burbujito de Yola Polastri. Es candidato por el Partido Popular Cristiano, abogado de profesión y excongresista, además de tomar la posta de Lourdes Flores, quien no llegó a la presidencia en dos ocasiones. Si bien es un candidato con cancha política, no ha cuajado mucho, ya que, en este país polarizado y señalado entre ser rico, clase media y pobre, siempre el PPC y sus integrantes son mirados como clase alta y, por ende, rechazados por la mayoría de votantes. Lastre grande para Alberto.

Y tenemos aquí al candidato que tiene muchas miradas, de todo tipo: George Forsyth. Exfutbolista, fue alcalde de La Victoria, en la que tuvo una lucha fuerte, enfrentándose a mafias internas y externas, sacando ambulantes y tratando de formalizar popular distrito y uno de los más caóticos y problemáticos en Lima. Sin embargo, sus ambiciones políticas lo llevaron a renunciar a la alcaldía, hecho que muchos lo han visto como una argucia. Veamos: se hizo alcalde, trabajó un par de años contra la delincuencia, se volvió mega mediático, tuvo un matrimonio y en meses un divorcio publicitado gratuitamente por cuanto medio de comunicación y programa de chismes hay. Y luego… pummmm, candidato a la presidencia. Sus números no son pocos, pero una cosa es ser mediático en Lima y otra recorrer el Perú y ganarse al populorum.

Hay otros candidatos, pero digamos, no son de gran calada y seguro serán relegados a un segundo o tercer o cuarto plano. Lo cierto es que hay que comer chicharrón, yuca, mango, su juguito en carretilla, tamal en la esquina y engordar algo, ir con poncho, sombrero, chullo, aunque te pique la lana de alpaca, subir a la combi y colectivo pirata, así como salir en cada programa que te llame, con tal de jalar un votito, que al final, como ya se ha hecho costumbre en Perú, les alcance para la segunda vuelta y pueda acceder al sillón de Pizarro. Veremos qué pasa el 11 de abril del 2021, quizá sale algo bueno. Aunque lo dudo. Soy poco optimista, ya lo ven.