Aspiraciones y expectativas de las mujeres

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Escribe Esperanza Faúndez Escandor, Directora de Carreras del Área Ciencias Sociales IP Santo Tomás Rancagua.

En nuestra realidad latinoamericana, la construcción de género exige la integración de las mujeres al desarrollo, ya que ellas, sin duda, aún no tienen las mismas oportunidades que los hombres y en esto está justamente posicionada la construcción de la equidad.

No es para nadie extraña, la situación de las mujeres en nuestra América Latina, las cuales aún viven situaciones de sometimiento y discriminación, debido a todo el soporte cultural, el cual legitima la exclusión de género y cuyo arraigo hace parecer su transformación como algo casi imposible en algunos sectores.

En nuestra realidad, las mujeres son educadas y culturizadas como un “ser para otros”, por lo que se potencian “habilidades” (como una característica casi de nuestra naturaleza humana) en el ámbito de la maternidad y la vida doméstica (reforzada por la frase “reina de la casa”, de lo privado, no de lo público). Por lo que, a modo de cotidianidad, son generalmente las mujeres las que asumen el trabajo doméstico, son ellas las que sufren mayor violencia estructural legitimada, la cual intimida y agrede (ejemplo, molestadas sexualmente).

Todo esto provoca, según el Centro de Estudios de la Mujer (CEM), la siguiente afirmación: “Desde el momento en que nace, la niña es percibida diferente. Aún subsiste en algunos ámbitos o sectores (cada vez menos) la idea de que es mejor tener un niño y no una «chancletita», en parte por el arraigado concepto machista del hombre como el protagonista de la historia, en parte, porque muchos padres y madres perciben que la hija se enfrentará en la vida a mayores dificultades que les exigirán cuotas de sufrimiento”.

Según el informe “La voz de los niños” (CEM), existen “claras diferencias entre las aspiraciones de niños y niñas. Mientras ellos aspiran a una variedad mayor de opciones profesionales, generalmente más valoradas y remuneradas, como ser ingeniero, aviador, abogado o médico, ellas aspiran a un número menor de profesiones, generalmente subordinadas a otras y esto se gesta a partir de los procesos de socialización”.

Es por esta razón que se hace imprescindible ampliar las oportunidades, conocer las expectativas de vida de las mujeres y cómo estas expectativas se construyen, con el fin de generar políticas sociales en base a la realidad, las cuales, a su vez, deben ser construidas, en cooperación, con las profesiones del área social.

Ahora la pregunta es, ¿por qué las expectativas de las mujeres son relevantes y nos incumben a todos? Para establecer hoy posibles soluciones, es indispensable que posibiliten un cambio hacia una mayor equidad social mañana. Existiendo en un país marcadas diferencias educacionales, se presume que no todos los y las estudiantes, en su mayoría hombres, alcanzarán un nivel mayor de especialización. Esto trae consigo una mayor dependencia económica internacional y por ende una mayor vulnerabilidad ante los vaivenes del mercado, lo que sin duda empeora, entre otras cosas, como las antes mencionadas, el panorama micro y macroeconómico y social de un país, en donde las familias con mujeres como jefas de hogar aumentan día a día.