Neurociencia en la Educación Parvularia: una labor de equipo

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Escribe Sandra Chilangua S., Directora de Carreras del Área Educación Santo Tomás Rancagua.

Cuán importante y valioso se ha vuelto en estos tiempos el reconocer las diferentes labores de las personas que nos rodean y hoy en especial el de las Educadoras de Párvulos, quienes colaboran en la formación de los niños de nuestra sociedad. Una labor que además de vocación, exige preparación con rigor científico.

Cada vez que se escucha la palabra neurociencia, el común de las personas lo asocia a una ciencia compleja, de gran interés para muchos y fascinante para otros. En la actualidad, esta ciencia ha permeabilizado la Educación y entonces hablamos de Neuroeducación.

La neuroeducación se concibe como uno de los pilares fundamentales en la formación de todo educador en etapas iniciales, tal como es la Educación Parvularia. Este conocimiento permite entender cómo funciona el cerebro durante el proceso de enseñanza y aprendizaje, pero sobre todo orienta la búsqueda de metodologías eficaces para que todos los individuos, y no sólo algunos, logren aprendizajes significativos para su desarrollo integral.

Conocer de Neuroeducación va más allá de identificar las partes que componen el cerebro, o las funciones que tienen; implica entender cómo se producen todas las conexiones que le van a permitir al individuo aprender, por ejemplo, cómo el bebé aprende a tomar la cuchara para alimentarse, alcanzar un objeto con la ayuda de otro, hablar, dibujar, seguir ritmos, desarrollar una conversación, vestirse, entre otros. Entender estos procesos y cómo estimularlos de manera acorde a su desarrollo neurológico es labor de la Educadora Párvulos.

Sin embargo, el trabajo de esta bella profesión no es suficiente si no se trabaja mancomunadamente con la familia, y pese a que los padres no tengamos estudios relacionados a la educación, podemos contribuir significativamente al desarrollo de nuestros niños mediante algunas estrategias que ayudan a potenciar el funcionamiento cerebral de manera positiva, tales como velar porque nuestros niños tengan un buen dormir, que se alimenten de manera equilibrada y la generación de ambientes estimulantes, siendo conscientes de la importancia de que los tiempos de calidad compartidos en familia favorecen el aprendizaje.

Algunos ejemplos prácticos, pueden ser enseñar las partes del cuerpo y sus funciones, hábitos higiénicos, cantar juntos, inventar historias en conjunto o potenciar una buena conversación basada en los gustos y preferencias de nuestros niños. Son diversas las formas, los métodos, contextos y situaciones en las que podemos estimular, siempre desde el amor y el respeto en su desarrollo evolutivo e individual. De esta manera, podemos contribuir a la plasticidad cerebral (conexiones neuronales nuevas) que las Educadoras de Párvulos trabajan día a día.

Por lo tanto, es fundamental fortalecer la comunicación efectiva con quienes comparten la responsabilidad educacional de nuestros párvulos, para que nos enseñen a cómo ser mejores padres y con un buen trabajo en equipo logremos potenciar el desarrollo y aprendizaje para toda la vida.